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Golfos y Golfo Pérsico

Golfos y Golfo PérsicoEFE

El recorrido de mi avión por encima del Líbano es tranquilo, pese a que abajo las bombas aguardan mientras los judíos invaden, arrasando, las tierras de los míticos cedros. En Dubái persiste la amenaza de drones persas y bombas norteamericanas. Alerta máxima en los Emiratos Árabes Unidos, donde ostentan construcciones asombrosas que casi superan al Manhattan neoyorkino y no solo por su altura, con automóviles que circulan obscenamente chapados en oro puro, algunos incluso con polvo de diamantes, en aberrante ostentación, mientras tantos padecen necesidades.

No hay pobres entre sus súbditos, han importado esclavos, inmigrantes de diversas nacionalidades que comparten la misma habitación con numerosas literas. Nadie sensato ama las guerras. Desde Italia hasta el confín del Oriente, donde me hallaba, alaban la valentía de España que se opone a secundar la guerra organizada por los EEUU según particulares intereses. Su presidente se queja de que la OTAN no le apoya, pero es que dicha alianza se estableció para prevenir ataques a uno de los miembros, no para cuando uno de ellos ataca. El argumento de evitar que los iraníes puedan fabricar bombas atómicas no vale cuando también Estados Unidos, con Rusia, son los países que más bombas atómicas tienen, los más peligrosos para muchos. Bombas siempre inmorales, injustas, porque no discriminan en sus destrucciones a agresores de inocentes.

Nuestro presidente, Sánchez, en esto ha sido firme, aunque, por otro lado, hipócrita: a Ucrania vende drones, como a Israel armas de modo incesante. Ahora los rusos nos amenazan para destruir tales fábricas porque apoyamos a sus enemigos en el terrible conflicto ucraniano. Cierto, no queremos batallitas, aunque Irán bien se merece una intervención para cambiar su fanático régimen criminal. Si fuera para lograrlo, tal vez una injerencia extranjera estaría justificada, como lo es actuar cuando uno ve que golpean ferozmente a unos abuelos ciertos malhechores.

El papa proclama la paz deseada por Cristo y critica a los norteamericanos por los motivos, que no son siempre tan bonitos en este conflicto. Bien confiesa el vicepresidente del país más poderoso del mundo, Vance, que se puede discrepar sobre si este conflicto es justo. Jesucristo está a veces con quien empuña la espada y muchos pontífices así lo proclamaron, no solo bendiciendo las cruzadas, pues igual que había que luchar contra los nazis para defender a millones de inocentes, el país de los ayatolás ha matado en los últimos meses a más de cuarenta mil manifestantes, inocentes desarmados que exigían sus derechos, sin contar las ejecuciones.

Ya los teólogos medievales señalaban que a veces se podía guerrear contra otra soberanía que aplasta injustamente a su población inocente. Desde casi el principio de la cristiandad se bautizaron legionarios y tribunos romanos, como San Sebastián, sin dejar de ejercer sus funciones militares. Aunque el fin sea la paz.