En relación con la noticia publicada titulada: “Nueve de cada diez escolares logra el título de ESO, el 16% con asignaturas pendientes”, como profesor universitario en el ámbito educativo quería trasladarles una observación metodológica que considero relevante respecto al titular realizado.
Tras la lectura de la noticia, se aprecia que los datos presentados hacen referencia específicamente al alumnado que cursa 4º de ESO y, en concreto, al porcentaje de estudiantes de ese nivel que obtiene el título al finalizar el curso. Sin embargo, el titular puede interpretarse como a todo el conjunto del alumnado que inicia la etapa de Educación Secundaria Obligatoria, es decir, como si nueve de cada diez estudiantes que entran en la ESO terminaran obteniendo el título.
Desde un punto de vista técnico, ambas afirmaciones no son iguales. Lo expuesto en la noticia parece corresponder a una tasa de titulación del alumnado presente en 4º de ESO, no a una tasa de éxito completa de toda la etapa. Por ello, el titular puede inducir a una interpretación más amplia de la que realmente sostienen los datos del informe. Por otro lado, tampoco se contextualiza una cuestión educativa relevante como es el fracaso o abandono escolar, que históricamente en la etapa secundaria suele situarse en torno al 20-25%. Considero que incorporar este tipo de contexto ayudaría a ofrecer una visión más completa y rigurosa de la realidad educativa.
Considero importante subrayar el impacto social y emocional que pueden tener este tipo de mensajes cuando se presentan de forma excesivamente simplificada. Muchas personas adultas que, por diferentes circunstancias vitales, sociales, familiares o educativas, no pudieron finalizar la ESO pueden leer titulares de este tipo y sentirse excluidas, fracasadas o situadas fuera de la norma social. Este tipo de formulaciones contribuyen a construir un imaginario social según el cual “todo el mundo” logra determinadas metas educativas, invisibilizando trayectorias más complejas y diversas. Considero que esto puede resultar peligroso desde el punto de vista social y educativo, ya que puede reforzar sentimientos de baja autoestima, menor autoconfianza o estigmatización en personas que ya arrastran experiencias educativas difíciles. Precisamente por ello, creo que el tratamiento informativo de los datos educativos requiere no solo rigor estadístico, sino también una especial sensibilidad social y humana.
Entiendo perfectamente la necesidad periodística de sintetizar y hacer accesible la información, pero considero que, tratándose de datos educativos y estadísticos, resulta especialmente importante preservar la precisión en la formulación de los titulares para evitar interpretaciones equívocas.
Educador social y profesor de la UPNA