Hace un par de semanas escribía en estas mismas páginas sobre cómo nos enfrentábamos a un más que posible descenso a la categoría de plata que el director general de Osasuna descartaba rotundamente meses atrás. Entonces el silencio venía de la planta noble del Sadar. Ahora en cambio llega el ruido, pero esta vez viene de fuera, y es peor si cabe.

El pasado jueves, la Comisión de Antiviolencia propuso sancionar al club con 200.000 euros y el cierre de nuestro feudo durante dos meses. Todo ello a raíz del entrenamiento abierto previo al partido en el que nos jugábamos la permanencia. Aquella calurosa tarde, 5.500 personas alentaron a los rojos sin un solo altercado ni incidente, salvo a ojos de la Comisión.

El informe de Antiviolencia menciona una decena de bengalas en la grada, exhibición de simbología de Indar Gorri y que varios jugadores se enfundaron banderas y bufandas del grupo y secundaron los cánticos. Eso, según el organismo, constituye una infracción “muy grave”.

Detrás de la propuesta asoma algo que desde el osasunismo popular llevamos años señalando: la persecución sistemática a Indar Gorri y a toda rojilla o rojillo incómodo para la Liga y RFEF, como palanca para sancionar al club. Sobrevuela la sensación, cada vez más latente, de que hay equipos que cargan con una lupa que no enfoca igual a todos.

El comunicado del club es firme y en buena medida acertado, pero hay una fisura. Tratan de desvincular al club de “comportamientos individuales de determinados aficionados”, cuando en realidad no hubo nada reprochable a ninguno de los aficionados aquel día. Desde hace mucho hay un elefante en la habitación. El club trata de no mencionar a un colectivo con décadas de historia, generaciones de osasunismo y una manera de entender el fútbol que forma parte del tejido de esta tierra. No hay individuos que aislar. Hay una identidad compartida por miles de navarras y navarros.

La realidad es que Osasuna vuelve a liderar un año más los rankings de sanciones interpuestas por la Liga de Tebas con 59 denuncias registradas a mediados de mayo. Por no hablar de las más de 350 multas que Indar Gorri ha recibido en las últimas dos campañas, entre otras razones por denunciar el genocidio en Gaza. Ya no se esconden, nos quieren echar de nuestro Sadar. En consecuencia, cantaremos más, lucharemos más.