EL calor reblandece la sesera y el pasado verano fue tórrido. El consejero de Interior del Gobierno de Navarra, Javier Caballero, relativizó los accidentes taurinos de Tafalla y Valtierra: "Anécdotas que, de alguna manera, dan un poco de vida" al mes de agosto. Pues en el primer caso, a punto estuvo de darle un poco de muerte. En Tafalla -concurso de recortadores, plaza llena-, el segundo de la tarde, de nombre Quesero, voló hasta el tendido de sol. De salida, el novillo de Macua se rompió un pitón. Intentó huir del redondel varias veces. A la quinta, la fuerza del instinto y la casualidad de un doble impulso con las patas traseras sobre las tablas del burladero lo levantaron por encima de las protecciones reglamentarias. Pavor. Pudo ser una tragedia, pero quedó en drama para un niño y su familia, algunos heridos ya recuperados y decenas de contusionados. Un susto generalizado. En Valtierra, un novillo de Hermanos Ustárroz rompió la resistencia de un tablero del encierro y buscó las huertas de la libertad. Apenas había gente en la calle. El consejero reconoció que este tipo de festejos con animales bravos (la presidenta de su partido vinculó su defensa con la defensa de la identidad de Navarra) "entraña un riesgo". Considera que "son seguros" y que se adoptan las medidas de seguridad necesarias para que ese riesgo "esté lo más controlado posible". Accidentes como los ocurridos demuestran que no es así. En Tafalla, el concurso estuvo a punto de reanudarse. En Valtierra, se repuso el tablón y siguió el encierro. ¿Tuvo el Departamento de Interior alguna actuación en esas decisiones? La resolución del suceso de Tafalla pareció un acto de ensañamiento revanchista. El novillo fue reducido entre la primera fila y la barrera del tendido, ensogado, sujeto por una veintena de personas desde el ruedo y, entre sus quejumbrosos bramidos, finalmente apuntillado. Abatido de tan carnicero modo, una grúa lo izó para sacarlo de su encajonamiento. ¿No hubiera sido posible adormecerlo con dardos narcóticos una vez controlado, evacuar la plaza y, con el mismo o similar procedimiento, depositarlo en corrales? Los detractores de los festejos taurinos tienen ahí una impagable secuencia-foto propagandística de matadero público. Cualquier persona sensible, un agrio recuerdo. Con respecto a los festejos tradicionales con toros, el alcalde catalán con vara de mando en Amposta -población de correbous- defendía la costumbre ancestral (blindada ante la prohibición de corridas emanada del Parlament) con el argumento de que no se puede luchar contra los sentimientos de la población. (¿Y por qué se lucha contra el sentimiento político secesionista?). En debates sensibles, ni puntillas ventajistas (Tafalla) ni apostillas sarcásticas (Caballero).