Navarra ha superado de largo la cifra de cuarenta mil personas en paro. Los gobernantes forales encuentran siempre motivos para ornamentarse el ombligo: si las cosas van bien en España, estamos entre los mejores; si van mal, entre los menos malos. Los políticos -cada vez más profesionalizados- son los principales responsables de que cada ciudadano pueda desarrollar su constitucional derecho al trabajo. Mientras sean incapaces de organizar la sociedad para ejercer ese derecho fundamental, deberían venir obligados a un compromiso de apadrinamiento personalizado de desempleados. La obligación alcanzaría por naturaleza a presidente, ministros, subsecretarios y directores generales del Gobierno español, a presidentes y consejeros autonómicos, a eurodiputados, diputados, senadores y parlamentarios autonómicos, a alcaldes, concejales delegados y presidentes de Mancomunidades. Por extensión, a políticos con sueldo vitalicio, a altos cargos administrativos de designación directa, y a cargos directivos de fundaciones y sociedades públicas. También a las estructuras profesionalizadas de partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales, así como a directivos de entidades financieras y empresas con altos beneficios. Por supuesto, y como penalización, a profesionales liberales y autónomos de quienes se demuestre defraudación a Hacienda. La nómina de potenciales padrinos sería extensa. Cada padrino forzoso mantendría intacto el 60% de sus ingresos netos anuales (en general, ingresos brutos anuales de entre cincuenta y cien mil euros, dietas y gastos al margen). Con el resto de sus ingresos apadrinaría a desempleados, quienes percibirían el valor del salario mínimo interprofesional. Si el del parado fuera el único ingreso de su núcleo familiar, el padrino tendría que llevárselos de vacaciones en verano. El compromiso de apadrinamiento quedaría rescindido cuando el padrino encontrara un trabajo estable a su apadrinado. La fórmula estimularía sin duda la iniciativa política y económica para la creación de empleo, sabido que el bolsillo es el órgano más sensible del ser humano. A espabilar. Por su parte, cada apadrinado vendría obligado a pasar cuarenta horas semanales con su padrino. Objetivo pedagógico: comprobación de lo extenuante de la gestión pública y verificación de los denodados esfuerzos de nuestros electos y sus favorecidos de libre designación para alcanzar el pleno empleo y acortar las diferencias sociales. Los apadrinados se convertirían así en los mejores testigos y propagandistas del hondo espíritu de servicio a la colectividad de sus padrinos, germen de su vocacional actividad política y tarea pública. Si algún sacrificado partido la quiere para su programa electoral, le regalo la idea. De nada.