Roberto Jiménez (Pitillas, septiembre de 1973) se inscribe en la generación ni-ni, aunque haya rebasado en unos años la edad máxima de referencia (34) de esos jóvenes que ni estudian ni trabajan. El secretario general del PSN-PSOE, candidato a la presidencia foral, estudia cómo mejorar la calidad de vida de esta comunidad y trabaja en ello, pero es un ni-ni confeso. Anuncia: en su hipotético gobierno en solitario, no estarán ni los nacionalistas ni la derecha. Ni-ni. Se supone que los citó por orden de preferencia en la exclusión. Jiménez ya está en campaña. Puede vérsele fotografiado en la carrocería de autobuses urbanos. No, montado en el transporte público. Hace unas semanas, la prensa regional encartó en domingo un cuadernillo, de título Avatar (cambio, transformación) -aprovechó el tirón taquillero de la película del mismo título-, donde su madre y otras personas que le quieren decían maravillas poliédricas del joven abogado y político, afiliado a los 18 años. Sus listas electorales identifican renovación con depuración. Roberto Jiménez ya tiene cerrados sus dos primeros mítines. Podrían resumirse en uno, pero Navarra carece de un recinto con suficiente aforo. Como su prioridad de gobernante será la creación de empleo, Jiménez tiene asegurado el lleno en dos infraestructuras donde convocará a los 45.000 parados de Navarra, y aún tendrá que habilitar sillas sobre el césped y en el redondel: el campo de Osasuna y la Plaza de Toros de Pamplona. Otras decenas de miles de personas que irán interesadas a escucharle serán los pensionistas navarros. A los parados les repartirá un vale sin plazo por un puesto digno y estable de trabajo. A los pensionistas, pequeñas cámaras frigoríficas portátiles donde conservar congeladas sus pensiones. Aunque se cumpliese la muy atrevida hipótesis de que el PSN gobernara en solitario, la derecha estaría en el gobierno de Jiménez. El socialismo español actual tiene un comportamiento irrefutable de derecha económica. Y no sólo resignado, obediente y sumiso, sino convencido. Jiménez es consciente de que una minoría mayoritaria tiene que pactar. En ese punto, se jacta de haber pactado a diestra y siniestra. Sin embargo, sus tendencias vienen definidas en sus declaraciones. Con la derecha, desafiante: "UPN tendrá que aclararse si quiere acordar con el PSN o, por el contrario, con el PP". Con el nacionalismo vasco, concluyente: "Rotundamente no" a la posibilidad de alcanzar el gobierno con su apoyo. El candidato socialista está seguro: el "mayoritario bloque social de progreso" le apoyará en las urnas. Podría haber demostrado la firmeza de esa convicción yendo de nº 13, con su carisma como tirón de crecimiento. Su esperanza: el 22 de mayo es Santa Rita, patrona de los imposibles.