'Impasse'
Vice-Jiménez sorprendió el lunes a sus escoltas, a los policías forales de guardia en Palacio, a los ujieres de la Planta Noble, y a su propio gabinete: desde que descendió del coche oficial (ese día lo usó porque tenía el proletario bono del autobús sin saldo) caminó hasta su despacho a la pata coja apoyado solo en su pierna izquierda. Descolgó el teléfono y se lo hizo saber a Barcina: "Yolanda, hoy me he levantado con el pie izquierdo. Me tomo un impasse". Usó el vocablo francés porque ese idioma está de moda entre los socialistas desde que gobiernan en Francia. Sabido era que Roberto Jiménez padecía una desviación grave de la rótula ideológica, pero en este caso se trataba de una lizarbitis. Juan José Lizarbe, portavoz parlamentario y miembro de la Ejecutiva Regional del PSN-PSOE, advirtió de víspera en este periódico: "El PSN no va a estar en un Gobierno que siga las equivocadas recetas económicas del PP". Jiménez soporta el desgaste de la cohabitación con Barcina (en principio dio el visto bueno al nuevo recorte de 132 millones en los Presupuestos; propone y pacta reformas laborales, educativas, sanitarias, fiscales y económicas con la derecha) mientras Lizarbe marca en sus declaraciones -que no en los votos del grupo parlamentario- una actitud más propia de la oposición. Adula la capacidad de "dique de contención" de su jefe en el Consejo de Gobierno y enfatiza su presencia "en espíritu" en manifestaciones contra los recortes, pero exhibe en primera persona el protagonismo del "inequívoco giro a la izquierda" determinado en el último congreso. Se le ve el plumero. El órdago de la ruptura se acompañó al instante de una cataplasma ("no sería lo mejor para la sociedad navarra"), de un conciliador "tiene solución", y de una falsa mueca admonitoria: "Este Gobierno no es el oscuro deseo del PSN; queremos explorar un gobierno más progresista". Sin embargo, a tenor de los comportamientos socialistas, el entendimiento con UPN parece ser su más diáfano y perpetuo deseo. Jiménez, partidario de Chacón, buscó y obtuvo la foto con Rubalcaba. A la salida de la reunión, anunció "ilusión y ganas" de superar la crisis de gobierno y "voluntad de acercamiento y acuerdo". Una premisa: lealtad en los comportamientos y claridad en las cifras económicas. El vodevil montado (comedia frívola basada en la intriga y el equívoco) ha tenido el desenlace previsible. Barcina se mofa con la "tormenta en un vaso de agua" cuando Jiménez esperaba que sometiera a Miranda a una fingida disculpa real: "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir". Y la normalidad volverá a Palacio por la senda del diálogo y del consenso convenida en el pacto constituyente. Hasta que a los socialistas les vuelve a convenir enseñar los colmillos.