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Fraude

Este Gobierno ha sido un fraude. Inconsistente, inútil y opaco. Un fraude en su definición constituyente ("estable y fuerte"), en su trayectoria (vacilante e impositiva) y en su desenlace (destitución por orgullo herido). Barcina, Jiménez y Miranda, sus principales responsables. Ahora resulta que todos los departamentos de la Administración Foral padecen un déficit estructural crónico (mala planificación), que en épocas de bonanza económica era maquillado y que la crisis ha destapado con crudeza. Hay que ser imbécil para llevar un año de vicepresidente consorte y no enterarse. ¿No lo había detectado en su propia consejería? ¿No se lo habían transmitido los dos consejeros de su cuerda? Hay que ser miserable para llevar años de consejero de Economía, no advertir de las debilidades estructurales y financieras al nuevo Consejo de Gobierno, y limitarse a marear la perdiz de las cifras. Hay que ser trapacera para tener engañada a la sociedad sobre la realidad económica de la comunidad. Esta situación revela la putrefacta metodología con que se hacen los cambios de legislatura. Lo correcto y razonable sería que el Ejecutivo saliente, cartera por cartera, dejara documentada su situación. Lo correcto y razonable sería que el Ejecutivo entrante no se dejara tomar el pelo, auditase la herencia recibida a través de la Cámara de Comptos y la pregonase a los cuatro vientos sociales. Pero lo habitual es tapar las miserias, sobre todo cuando proceden del mismo partido político. La transparencia reclamada ahora por el secretario general del PSN-PSOE tendría que haber sido condición inexcusable para acomodarse en un gobierno de coalición, si en aquella circunstancia no hubiera pensado solo en el lustre, en el sueldo e ingresos complementarios, y en montar su propia y sectaria oficina de colocación. Cuando su complicidad con los recortes de la derecha se extrema y avergüenza sus mínimos ideológicos (más a sus votantes que a él mismo), pretende una exhibición de rigor en estructura, costos y eficiencia. ¡Cuántos juegos florales desplegados por Barcina y Miranda para coronar de laureles a Navarra sobre el precario estado de las comunidades españolas! Si tuvieran pudor, la hemeroteca les produciría sonrojo. Sin embargo, perseveran en la soberbia con el recurso a la triste comparación entre deudores-recortadores. Barcina: "Jiménez estaba poniendo en juego la credibilidad de Navarra". ¿Credibilidad? Jiménez ha sido desleal con los intereses y ambiciones de Barcina y, mucho más grave, con el socialismo. Miranda ha sido desleal con la honestidad contable. Barcina ha sido desleal con la verdad. ¿Y ahora? Miranda debería tener los días contados, el PSN buscar un nuevo líder social, y Barcina apechugar con un gobierno en minoría.