Confianza
Someterse a una cuestión de confianza es para presumir. Plantear una moción de censura es para cambiar. Ni Barcina podría presumir del resultado parlamentario de una cuestión de confianza ni los promotores y seguidores de la moción de censura están en condiciones de acordar un programa y un candidato alternativos. Por tanto, puro teatro, obsceno en estas circunstancias sociales. Un sainete penoso con dos meses de vacaciones parlamentarias pagadas por delante. La mera representación de un mutuo desgaste político, mientras la política desgasta y desgarra el bienestar y el aprecio de la sociedad. En términos electorales, una mayoría de los votantes depositó su confianza en Barcina. En términos parlamentarios, Barcina obtuvo la confianza mayoritaria de la Cámara para la formación de Gobierno por el respaldo del PSN, cuyos órganos decidieron esta vez que era mejor sacar tajada dentro del Ejecutivo que consumir las menguantes simpatías con apoyo externo. Destituido Roberto Jiménez, y solidarios mediante dimisión los otros dos consejeros socialistas, Barcina ha perdido simbólicamente aquella confianza. Sin menoscabo jurídico ni democrático, puede gobernar en solitario. Dice que su Gobierno trabaja ahora a mayor velocidad evitado el obstáculo de ponerse de acuerdo con un socio, pero el freno antideslizante lo va a encontrar en el Parlamento, auténtica curva Mercaderes-Estafeta donde mantendrá la estabilidad si camela al PSN (de momento partido reformista de sus propias opiniones) o se dará de bruces con el vallado de la oposición. El mismo eficaz antideslizante, adherente a la alfombra tanto como al adoquinado, que debieron aplicarse altos cargos socialistas de la Administración y de otras instancias públicas a la espera "mano sobre mano" de su destino, ajenos a la coherencia democrática y ética de una fulminante e irrevocable dimisión. La billetera es más sólida que la cohesión interna. Demorarse en la dimisión, una burla a la humillación del líder defenestrado. Demorarse en el cese, un señuelo al partido y una afrenta a su dirigente. Es público y notorio que Barcina carece de la confianza de la mayoría absoluta de la Cámara. Como es público y notorio que la mayoría absoluta de la Cámara carece de confianza mutua para enredarse un buscar una alternativa. Los grupos parlamentarios nacionalistas están en fase de recomposición, y el PSN -socio imprescindible- sería el pez chico ante la voracidad final de la pujanza abertzale. Tampoco es buen tempero electoral: ni para la derecha, incapaz de la mayoría absoluta; ni para el PSN, maltrecho y desacreditado; ni para el nacionalismo vasco, una ensalada mixta con la guindilla de las fobias personales. La confianza, testimonial. La censura, inviable. Las elecciones, inoportunas.