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Drogas

Carretera. Un control policial es una de las posibles contingencias. Aunque nada tengas que temer, prefieres que no te paren. La verdad. En tal caso, la sensación natural y espontánea es de alivio. Por la incertidumbre y por el talante de algunos agentes. Los controles de alcoholemia se han hecho extensivos a las drogas ilegales. Las estadísticas revelan consumo de estupefacientes en un porcentaje considerable de conductores siniestrados. La conducción es una actividad con riesgo, desarrollada en vías públicas, y hay que ejercerla en plenitud de facultades. Los controles vigilan el cumplimiento de la norma. Su incidencia en la prevención de accidentes es indiscutible. Someterse a ellos es una obligación contemplada en el Reglamento General de Circulación; la negativa, un delito recogido en el Código Penal. La influencia nociva de sustancias ilegales en la capacidad de control, concentración y reacción del conductor (cannabis y cocaína las más habituales, peores en combinación con el alcohol) está muy estudiada. La prueba del alcohol se realiza mediante aire espirado; la de drogas, con un test de saliva. El conductor recibe un dispositivo que ha de impregnar. Páginas oficiales de las autoridades de tráfico escriben que la prueba tiene una "total fiabilidad y garantía", pero la experiencia recorta tanta rotundidad. El problema estriba en que la contraprueba, a petición del presunto infractor disconforme con el diagnóstico inicial, ha de realizarse en un centro hospitalario mediante traslado en vehículo policial. Y no siempre el análisis médico confirma el primer indicio. En ese supuesto, el conductor exento de culpa ha de buscarse la vida para retornar al punto donde su vehículo quedó bloqueado, sin que el legislador contemple algún tipo de compensación por el error. Es más, si los agentes denunciantes han puesto pies en polvorosa no queda ni el consuelo de desmontar su certeza. El conductor damnificado puede contratar el servicio de un taxi, pedir recibo y pasárselo a la Administración. En la seguridad de que el retorno económico será desestimado y de que los vericuetos contenciosos saldrán más caros que el importe del taxímetro. La figura se llama impotencia. La observación visual de los agentes con respecto a los signos externos del conductor es importante, para lo que se asegura que han sido formados. En caso de enjuiciamiento, la visión del agente es esencial. La exposición sobre el terreno de las conclusiones de esa observación debiera hacerse con prudencia y cautela, sin altanería, porque el instinto policial no es infalible. Palabras, las justas y respetuosas. De ahí la importancia del tacto y de la cortesía, incluso ante conductores maleducados. Algunos uniformados tienen el apresto de la arrogancia.