Créditos
Frisaba la edad de jubilación forzosa. La comunidad de vecinos impuso por mayoría -las razones generales suelen ser poco sensibles con las situaciones particulares- un proyecto de rehabilitación del edificio residencial. El reparto de cargas afectaba también a familiares en primer grado, en tiempos difíciles para la solvencia económica de las generaciones jóvenes. Consideró conveniente la solicitud de un préstamo personal a Caja Navarra, la entidad financiera depositaria de sus ahorros. Carecía de antecedentes crediticios. Nunca había pedido nada a su Caja. Las condiciones de concesión lo anonadaron. Salió al mercado. Las cinco entidades en las que evacuó consultas le presentaron mucho mejores condiciones de suscripción del crédito. Caja Navarra reaccionó con un cambio considerable de su planteamiento inicial, pero aún en términos más gravosos que la competencia. En realidad, la suavización contractual era retórica: incorporaba la exigencia de aportaciones mensuales a un Plan de Ahorro. Como dijo el peticionario, "a mi edad, pienso más en un buen Plan de Gasto". Habían tratado de persuadirlo con tretas de mercader. Expuso su severo malestar en términos contundentes -indignado por los abusivos intereses aminorados al cabo de una semana ("tengo la sensación de que en primera instancia me habéis querido robar")- y canceló la cuenta. Ahora es cliente de otra entidad. Abonados los pagos de las obras, le queda la secuela plurianual de unos intereses mensuales. Estas Navidades no faltaron en su mesa los turrones. Duro y blandos. El duro, de la marca Barcina; los blandos, con la etiqueta comercial Consejeros. Yolanda Barcina, incapaz de articular una explicación sobre el ruinoso devenir de Can y presidenta de un partido político defensor del oscurantismo en la gestión de los últimos años, ha cobrado cientos de miles de euros "por imperativo legal". ¡Qué duro! Cargas del cargo. Sus cargos institucionales le conferían asientos en Can, donde asumió los sustanciosos ingresos pero no las responsabilidades administrativas y de control asociadas. Es más: nombró asesor personal, y después miembro de su Gobierno, a un alto directivo de Can que se valió del puesto para cambiar billetes de 500 euros por otros de menor valor, una operación susceptible de ser considerada como blanqueo de dinero. Barcina nos regaló la metáfora atenuante del "imperativo legal" la víspera de los Santos Inocentes, donde parece incluir a la población navarra. Y el día de Reyes -paradigma festivo de los regalos- este periódico publicó que una veintena de consejeros de Can disfrutaron (para sí, sus empresas y familia) de créditos blandos. Dietas por el cargo, y los intereses de sus préstamos a dieta de adelgazamiento. Ventajismo indecente. Nepotismo foral.