Descartes
Descarte: "Pactar con el nacionalismo radical no es una opción". Motivo: como solución a todos los problemas, apuesta "por el cambio de marco institucional de la comunidad". Anuncio de Roberto Jiménez, secretario general del PSN-PSOE, en el último Comité Regional. Aviso del día después en boca de su monaguillo Lizarbe: "Sin el PSN no hay gobierno alternativo". Es la miserable grandeza de un partido corrupto en el ejercicio del Gobierno foral (caso Urralburu-1987), reventador por corrupción del tripartito (caso Otano-1995) y obstinado obstaculizar del cambio (2007 y 2011), que exhibe petulancia cuando tiene el menor número de votos y de parlamentarios desde la primera legislatura (1983) y estamos en la octava. Hubiera sido más exacto hacer ostentación de que sin el PSN no hay gobierno con mayoría suficiente para gobernar, porque así lo certifica la aritmética parlamentaria actual. Ni de la derecha españolista ni del combinado izquierda constitucionalista-nacionalismo vasco. Por ahora, que en manos de la sociedad está cambiarlo. Jiménez avisa a UPN: las "interlocuciones preferentes" han terminado. Jiménez excluye al nacionalismo (vasco) radical. La consecuencia es clara: el PSN está "para liderar el futuro de nuestra comunidad". Eso sí: "Necesitamos tiempo para demostrar con hechos que somos capaces de forjar para Navarra un futuro mejor". Tiempo, amnesia ciudadana y generosidad social. La hipótesis de un renacimiento de sus cenizas hasta niveles de liderazgo social hegemónico es fantasmagórica. De momento -el miedo guarda la viña-, ni moción de censura ni elecciones anticipadas. Por la estabilidad, claro. Tampoco primarias internas. El PSN huye del fracaso en las urnas y sus dirigentes se blindan ante el riesgo de relevo por contestación de las bases. Jiménez excluye del cambio de gobierno al nacionalismo radical, lo que deja mano a mano a PSN e I-E. La raíz del nacionalismo es el derecho a decidir, en transición hacia la independencia. En ese sentido, todo el nacionalismo vasco es radical, aunque algunas de sus corrientes puedan aplicar cataplasmas calmantes en los intermedios pactos de estrategia. Sin apoyo de ese lado, el PSN no es la alternativa. Ni de coña. Siempre me ha sorprendido la condescendencia y la esperanza con que la izquierda constitucionalista y el nacionalismo vasco miran a los socialistas de un tiempo a esta parte. Debe ser la miopía de la necesidad ineludible para conformar una alternativa a los conservadores. El nacionalismo vasco en Navarra -de diferentes velocidades hacia la soberanía, ideologías diversas, y con irreconciliables fobias personales- vive su tiempo de mayor implantación. Pactar con este PSN sería una temeridad. Un despilfarro. Una decepción. Ni por el cambio. A descartar.