Congreso
Diciembre de 2008. Baluarte, zona de exposiciones. Acto de entrega de los premios Ser Navarro, en el 75º aniversario de Radio Pamplona-SER, emisora decana de la Comunidad Foral. Animación y corrillos en la antesala del comedor y del escenario habilitados para la ceremonia. Recepción de los anfitriones, fotos, guardarropa, vinos y conversaciones cruzadas, a veces ininteligibles por el jolgorio. Invitados, azafatas, camareros, escoltas. Nutrida representación política. Los invitados pasan a sus mesas. La casualidad quiere que tres personas nos quedemos rezagadas: Yolanda Barcina, alcaldesa de Pamplona, Miguel Sanz, presidente del Gobierno de Navarra, y quien firma esta columna. El presidente de UPN ya tenía decidida y anunciada la entrega del cargo cuatro meses después a su auspiciada sucesora, en el congreso de abril de 2009. Cónclave tranquilo. Sanz abortó cualquier competencia. Sonrientes los tres mientras atendíamos el requerimiento de entrada a la sala, me permití una broma (o hice que lo pareciera). Recreación memorística. Carlos: "Miguel: ¿ya estás convencido de lo que vas a hacer?"; Sanz, dubitativo; Barcina ataja: "No le preguntes eso, que igual cambia de parecer". Apenas unos metros de camino compartido porque la mesa asignada a los extrabajadores de la empresa estaba al lado de la puerta (simbólico). Contigo somos más fue el lema de aquel octavo congreso. Por empeño personal de Sanz, Barcina resultó proclamada presidenta de UPN en 2009 y candidata a la presidencia del Gobierno foral en 2011. Dos años de bicefalia, con Sanz presidente del Gobierno y Barcina presidenta del partido. Sanz había provocado la ruptura del pacto con el PP (1991-octubre 2008) y despachó a CDN de su Ejecutivo en septiembre de 2009. La colaboración con el PSN se tornó imprescindible para que el regionalismo conservador se mantuviera en el poder (lo había sido en 1995 -tripartito- y en 2007 -agostazo-). Barcina lo comprobó en julio de 2011 cuando tuvo que hacerle sitio en su gabinete. La destitución del vicepresidente socialista Jiménez apenas un año después -y la dimisión solidaria de los otros dos consejeros del PSN- giraron el esperanzador lema del octavo congreso, que se transformó en un preocupante Barcina, así contigo podemos ser menos. Barcina ha pasado de ser un valor a ser un lastre. Por su acercamiento al PP, por sus mutuas fobias con Jiménez, por la situación de Gobierno en minoría parlamentaria, por ingresos opacos y avaricia económica, por cabreo social. UPN quiere el acuerdo con el PSN. Rubalcaba mostró disposición a alcanzarlo. Barcina es el obstáculo. Molesta. Lo demuestra la adhesión socialista a la declaración del Parlamento Foral que pide su dimisión. Se aprovechó del pasado y quiere asegurarse el futuro. Desde hoy.