Herencia
la presidenta Barcina asumió Caja Navarra como la peor herencia recibida. Con "rotundidad y claridad". Así de concluyente. Confesión en un foro de carácter económico, a la hora del desayuno. Café sin autocrítica. Leche desnatada y sacarina para cuidar su figura política, ya bastante dañada por excesos en los apetitos de mando y dinero. El distinguido auditorio podría habérselo tomado como una simpática ocurrencia de su vis cómica (si la tuviera), pero el juicio de valor corresponde a su contrastada vis cínica: coautora del testamento de Caja Navarra, se queja de la herencia. Aguántala. Como si no hubiera contribuido a escribir el declive de Can desde puestos y órganos relevantes de la entidad financiera, siquiera por dejación de funciones (salvo las recaudatorias). Un invitado quiso saber si era cierto que Roberto Jiménez, secretario general del PSN y durante un año escaso vicepresidente del Gobierno de coalición con UPN, le había pedido su ingreso en la opaca y lucrativa comisión Permanente de la Junta de Fundadores. La respuesta fue evasiva (tampoco se trata de pinchar su único posible salvavidas), pero la pregunta formulada en un acto público y publicado ya había cumplido su función sembradora de sospechas, en un tempero propicio a las conjeturas por la contumaz negativa socialista a una comisión parlamentaria de investigación. Navarra soporta muchas y gravosas herencias del testamento político de UPN, una carga económica "en diferido" que diría Cospedal: peajes en la sombra -lesiva fórmula de financiación de infraestructuras, prolongada en el tiempo- y suntuosas dotaciones con reconocido horizonte deficitario. Otra penosa herencia en perspectiva: el pago de las siete decenas de kilómetros de corredor de alta velocidad entre las estaciones de tren de Pamplona y Castejón. Absurdo para los partidarios e irritante para los detractores de este sistema de comunicación ferroviaria. ¿Decisión dictada por la cordura (virtud que espera del comportamiento parlamentario) o por un obstinado empeño (muy del talante de Barcina)? Y aún permanece en el congelador de proyectos su compromiso personal con un Museo de los Sanfermines -de momento un solar vallado-, con dinero público ya gastado en proyectos de contenedor y contenidos y en otros devengos derivados del aplazamiento de las obras. Por cierto, dos intenciones anunciadas -una económica, la otra emocional- a propósito de las Fiestas de San Fermín: implementación de la nada rotatoria y muy recaudatoria zona naranja, y plantación de un poste de acero corten en el segundo vallado del encierro con genérica placa conmemorativa en memoria de los muertos en el encierro. La primera mercantiliza aún más la fiesta; la segunda institucionaliza un acto voluntario. Inapropiado.