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Cambio

la palabra cambio está muy manoseada en el lenguaje político. Sobada. En 1982, una mayoría social insatisfecha con el reformismo de la UCD encumbró a Felipe González "por el cambio". La idea de cambio sedujo. Luego resultó que los socialistas cambiaron más que el país y se transmutaron de marxistas en socialdemócratas light. La progresiva decepción los ha situado en mínimos históricos de respaldo electoral e influencia parlamentaria. La idea de cambio es recurrente en las últimas campañas electorales en Navarra. Los conservadores de UPN llevan en el poder desde 1991 -camino del cuarto de siglo-, con el breve intervalo de un año. Se debe a su sólida implantación social, a la fusión con el PP, a la connivencia de un CDN en regresión y, desde 2007, a la complicidad ventajista del PSN. El relevo parece saludable. Mediada la presente legislatura, el lema del cambio ha sido activado de nuevo. Un espejismo. UPN seguirá siendo el partido más votado, aunque acuse desgastes. Echará de menos, eso sí, aquellos tiempos de prima final para la lista más votada, cuando tanto le benefició la actitud de la izquierda abertzale. El PSN carece de confianza social para liderar una alternativa. No son dudas en la ciudadanía. Es descrédito. Directa y merecidamente. Se cargó el tripartito por falta de franqueza y lealtad con sus socios y aliados (CDN, EA, IU-1995), al ocultar una cuenta en Suiza a nombre de su candidato Otano. La experiencia hubiera sido un referente en el devenir político de la Comunidad. Quizá un cambio perdurable. Defraudó en 2007 tras amagar alianzas innovadoras, y consagró la decepción al sentarse en el Gobierno foral de Barcina. Aunque el humor del huido Juan Moscoso resulte desternillante: "En Navarra existe una mayoría que quiere el cambio y el PSN es el único que puede liderarla". ¿Arrogancia o necedad? El PSN desea llegar a 26 parlamentarios forales (mayoría absoluta) con la suma de los correspondientes a Geroa Bai e Izquierda-Ezkerra. Lo llama bloque de progreso. Ni en sueños. Fantasía del más optimista de los pronósticos. Además, rechaza a Bildu como aliado y como apoyo parlamentario para alcanzar la presidencia. Así que misión imposible. La alternativa dependerá de los votos de Bildu. También podría darse que la abstención de Bildu hiciera que la alternativa tuviera más votos a favor que en contra. En esa hipótesis, ¿aceptaría el PSN el riesgo de formar parte de un gobierno que dependiera de Bildu en las votaciones parlamentarias? ¿Aceptaría no presidirlo si fuera otra la lista más votada entre los integrantes de la alternativa? Después de 1996, de 2007 y de 2011, a la cuarta va la vencida. Ahora la apuesta del PSN por el cambio es "irreversible". O sea, que puede gobernar con UPN, pero sin Barcina.