Decepciones
la decepción ha sido compañera habitual de los periodistas radiofónicos de medios privados en el diseño de las campañas electorales. Aunque para nada envidiemos el corsé reglamentado de la radiotelevisión pública. La teoría reflejaba una combinación de las mesas redondas y los debates cara a cara más interesantes. Siempre tropezábamos con la misma piedra: la negativa de PSN y UPN al contraste de pareceres con Herri Batasuna o la marca que tuviera la izquierda abertzale. En alguna medida, así seguimos. Con un precedente local de décadas atrás, en cierta ocasión "vendimos" (argot profesional) un Del Burgo-Zabaleta a un programa nacional de tarde programado en Pamplona (Baluarte) y abierto al público. Nuestros compañeros de Barcelona emitían chiribitas de asombro: frente a frente sobre un escenario el pope de la ortodoxia foral y española y el pope del nacionalismo vasco en Navarra. Sin ese carácter excepcional, recuerdo el orgullo de Javier Pomés, político de UPN y PP instalado desde 1993 en el Parlamento Europeo -electo o designado- por compartir tertulia regular, en los crudos ochenta, con Patxi Zabaleta. La de veces que me habrá hecho notar esa actitud diferente con respecto a sus compañeros de camada. Tampoco era fácil concertar debates entre los máximos dirigentes de los partidos navarros hegemónicos. Recuerdo dos confrontaciones entre Gabriel Urralburu (PSN) y Juan Cruz Alli (UPN). Una con Alli como aspirante a la presidencia y la otra con Urralburu en la oposición y muy distanciado de Alli. La primera, electoral y en horario de referencia (Hora 25). Tan de guante blanco que, cerrados los micrófonos, les insinué un gobierno de coalición (innecesario entonces porque en última instancia funcionaba la lista más votada). El salacenco ironizó: "Y contigo como portavoz". Desconocía que yo nunca hubiera grabado para La Voz de su Amo. El segundo debate los reunió tras largo desencuentro político. Estaba en construcción la Autovía del Norte y en litigio el tramo de Dos Hermanas. La cita suscitó notable revuelo mediático. Tampoco puede presentar una buena tarjeta de experiencias en debates cara a cara Miguel Sanz, más dado al dúo desenfadado con su amigo y correligionario Alfredo Jaime que al contracanto político con rivales de talla. El momento álgido fue la escisión de CDN (1995), serio quebranto y competencia para una derecha unida desde 1991. Sanz evitó el desequilibrio retórico e intelectual. En tiempos más remotos, el alcalde de Pamplona Julián Balduz (PSN) "tragó", tras mucho pensárselo, un cara a cara con el presidente de las Asociaciones de Vecinos, Ángel Larrea. También, negativas de colectivos: Gestoras Pro-Amnistía declinó por escrito un encuentro radiofónico con Gesto por la Paz. Conservo la carta.