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Rita

barcina es devota de Santa Rita, abogada de lo imposible. La devoción tiene encaje: Santa Rita es patrona de las víctimas de abusos (acuerdos parlamentarios neutralizadores de la acción de gobierno), de personas en soledad (apenas la arropan su guardia pretoriana y medio partido), de causas desesperadas y perdidas (el respaldo del PSN) y de matrimonios con dificultades (su sentimiento de pareja se despeñó desde la lujosa Casa Escondida, en Cantabria). Su jaculatoria más repetida: "Santa Rita, lo que se da no se quita". Aunque el rostro de la santa en su capillita portátil del despacho de Presidencia -efigie a la que Barcina pone velas en persona- tiene un cierto parecido con el de Roberto Jiménez, a decir de quienes han podido verla. Tras las últimas elecciones, el PSN le dio sus votos parlamentarios para facilitarle la formación de Gobierno. A cambio, el socialista Jiménez quedó entronizado en la vicepresidencia (creía como Barcina que lo que se da no se quita) y el PSN recibió dos consejerías más, con la consiguiente pedrea de cargos digitales para cuadros dóciles del partido. De un tiempo a esta parte, no se los daría. Al menos para esa finalidad. Que ya se los da, de vez en cuando, en el Parlamento. Y en asuntos tan relevantes como la oposición a una comisión de investigación del destrozo de Caja Navarra. El PSN podría quitárselos si tanto deseo tiene de enjugar su error. La figura parlamentaria sería la moción de censura. Pero como no sabría a quién dárselos y tampoco quiere que Bildu le dé los suyos, se los deja en depósito a UPN. Barcina podría dar por terminado su mandato y convocar elecciones anticipadas en lugar de esta resistencia numantina e inoperante. O lo más ético: someterse a una moción de confianza, con dimisión y convocatoria electoral en caso de no obtenerla. Un gobierno en minoría es operativo cuando alcanza pactos puntuales y suficientes con alguna sigla de la oposición, sobre todo para la columna vertebral de la acción política que son los presupuestos generales de cada año. UPN y PP anticipan su intención de ir por separado a las siguientes elecciones forales. Lógico: las uniones son para sumar fuerzas, no para acumular desgastes. A priori, que cada sigla aguante las consecuencias de su labor de gobierno. Después, la aritmética dirá. Pero UPN ya puede diseñar con tiempo su terapia preventiva: la opción Barcina se ha tornado insoportable para un socialismo navarro más proclive a un programa social de gobierno con otra UPN que a combinaciones más variopintas. Navarra, "el paraíso". Así nos califica Isidro Fainé, presidente del Grupo La Caixa (Barcina fue su telonera en doctorados honoris causa por universidad peruana). Después de hacerse con el mercado de negocio de Caja Navarra. Claro.