Periodista
Malos tiempos para este oficio. Una de las profesiones con más paro y trabajo más precarizado. Nunca ha sido una tarea con buen salario y buen calendario y horario laboral. El interés por buscar noticias y contar historias ha superado siempre esas contrariedades. Una inclinación. Sublimado, una vocación. La práctica aplaca el idealismo. El número de licenciados supera la capacidad de absorción del mercado laboral (solo prensa, radio y televisión años atrás), multiplicado después en periódicos y radios digitales, tv on line, gabinetes de comunicación, productoras, blogs. Ni aun así. La audiencia global ha aumentado, las individuales se han reducido. Procesos de concentración tratan de reconducir esa tendencia, en detrimento de la pluralidad. La red ensaya nichos de trabajo mediante la autogestión, con socios como soporte económico primario. Una fórmula es el desempeño libre de la actividad -creciente-, donde el periodista diversifica y comercializa su propia obra. Si vende, cobra. Otra cosa es que le salgan las cuentas. La crisis económica castiga con sensibles reducciones de ingresos a las empresas periodísticas (publicidad privada e institucional y ventas) y algunas se han embarcado en expansiones y proyectos equivocados y deficitarios. La dependencia de fuentes externas de financiación mediatiza la independencia y la honesta subjetividad. La línea editorial se somete también a las directrices e intereses de los inversores. Obediencia ideológica o depuración. Las plantillas laborales de los medios de comunicación convencionales (periodistas literarios y gráficos y otros técnicos) padecen redimensionamientos y recortes, favorecidos por la reforma laboral del neoliberalismo rampante. Ninguna empresa informativa informa de sus miserias como hace con situaciones semejantes en otros sectores de producción. El periodista no es noticia. Ni como trabajador. Cuenta historias, pero la empresa no le deja contar la suya. Control de imagen.