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Suicidio

El suicidio puede ser inducido por factores exógenos al individuo. También el suicidio colectivo. Yolanda Barcina, presidenta de UPN y del Gobierno foral, predicadora tenebrosa en el púlpito rancio de los miedos, alerta de que es "suicida para nuestro modelo de convivencia que se vote a partidos radicales, minoritarios, y la abstención". Es una de sus últimas pulsiones antidemocráticas. Ese sentido del voto y de la participación electoral se ha exhibido con potencia en los recientes comicios europeos, un fenómeno que UPN ha observado desde la barrera y cuya tendencia le puede salpicar dentro de unos meses. En política, como en la vida, suele recogerse lo que se siembra. Los partidos constitucionalistas hegemónicos tiemblan; otros también instalados se remueven con inquietud en sus escaños. El sistema se defiende como gato panza arriba, con la complicidad interesada de los grupos de comunicación más influyentes. Tiempo de alarma, maquillaje institucional, vigilancia de calles y redes, propaganda defensiva, consignas y censura. En Navarra, lo viejo conocido atañe a UPN como máximo responsable y al PSN como cooperador necesario. Los regionalistas llevan un cuarto de siglo de mangoneo: despilfarro económico, destrozo de la entidad financiera foral, sectarismo ideológico, mantenimiento de una malla societaria de protección del trabajo y el negocio de afines. Ni pueden apelar a la herencia recibida -es la suya- ni es consuelo que esta Comunidad padezca en menor porcentaje el paro y los recortes. Nacieron con el miedo a los vascos (la puerta constitucional de la Transitoria Cuarta) y tratan de perpetuarse con el miedo a un cambio sensible. La experiencia enseña que ellos son los de temer si no eres de los suyos. Los socialistas han participado encantados del reparto de la tarta. Alma republicana, cuerpo monárquico, un conversor ideológico como cerebro y un bolsillo receptivo. Barcina anunciará en otoño el otoño de su futuro. CANsa.