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Atado

la Monarquía es un privilegio de transmisión sexual que discrimina por género. El golpista y dictador Franco señaló al titular de la Monarquía restaurada, la mesurada Transición le dio apariencia democrática en la Constitución y la abdicación ha consumado la herencia. Atado y bien atado. Complicidad de los partidos políticos hegemónicos -converso vergonzante el PSOE- y pleitesía babosa de los principales grupos de comunicación. La viabilidad de una reforma constitucional -que revise incluso la forma de Estado- dependerá de la próxima configuración de las Cortes Generales. No parece probable un cambio tan radical. Por si acaso y por otros riesgos, se han dado prisa en relevarse y protegerse. El miedo guarda la viña de Palacio. El discurso del nuevo Rey estuvo sometido al corsé del papel de la Corona, pero sus primeros gestos institucionales -recepción a víctimas del terrorismo, sin asumir a las causadas por el Estado, y visita al Vaticano- orientan sus intenciones. El protocolo formal de genuflexiones y cabezas gachas y el control policial exhaustivo de los más mínimos detalles republicanos apestan a naftalina y a represión. Solo el inseguro reprocha y esconde la disidencia. El largo besamanos se quedó corto: cuerpo diplomático, políticos estatales y autonómicos, representantes de cultura, arte y deporte, ¿y los corruptos y los depredadores del sistema de cajas de ahorro? Son colegas del entramado institucional y muchos de ellos han estado cerca de la más alta magistratura del país. El Parlamento de Navarra se ha apresurado a felicitar a Felipe VI, aunque la Comunidad Foral fuera tardía y la última en recibir visitas oficiales de los Monarcas españoles, más asiduos en visitas familiares que de Estado. A rebufo del PP, UPN y el PSN. La primogénita del matrimonio reinante, Leonor (8 años), pasa a ser princesa de Viana. Nos ahorraremos los fastos de entrega del premio de Cultura que lleva su nombre. La fiesta, en un txiki-park.