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Feria

Alboroto en los corrales del Gas. Los seis toros de la corrida del día de San Fermín se muestran agitados y es ajeno al estrépito de los cohetes de la víspera. Los ejemplares de la ganadería del Foralejo no están hermanados. Adanerito, procedente en teoría de la más pura sangre navarra, se muestra reservón y esquivo a las órdenes de la mayoral, que le impele a capitanear al resto de la manada. Se sabe solo y arrinconado. Robertijo, un colorado desleído, con el que la mayoral ensayó un frustrado cruce de encastes, se ha cobijado en tablas y visita con frecuencia el asca. La afición teme que exhiba falta de trapío cuando se le cite al natural. Ya en los tentaderos de agosto y marzo se advirtió que, al final, humillaba. Bakartxero protagoniza serias acometidas y trata de reducir sitio a los demás. Fuerte y con musculatura en desarrollo. La solanera le profesa simpatía y tiene previsto emplazarse en terrenos del 6 y del 7 para sentir las aclamaciones a su fiereza. Un par de interesados intentos de hermanarse con Robertijo fracasaron por derrotes defensivos de ese morlaco traicionero. Zabalpatxi, con las orejas dañadas por las muescas de diferentes ganaderías a las que ha pertenecido, sigue la estela de Bakartxero. Sin cabecear. Es su última feria. Nuinito, otro cinqueño muy visto en los redondeles, se pregunta si podrá alimentarse también en otros abrevaderos o si alguien meterá el morro en el suyo. Sueña con que el torero le saque los mejores pases por la izquierda. Aunque le preocupa que un tal Pablo, el coletas, vaya de puntillero. Discreto en un rincón de los corrales, soso y cornigacho, Martinillo. Negro zaino como el dinero de una caja B, apartado en su día de la cómoda dehesa que compartía con Adanerito, sabe que el público celebrará el ensañamiento del picador y pedirá banderillas de fuego por tanto maltrato de su ganadero a los derechos sociales. A punto ha estado de ser destinado al concurso de recortadores. Lo suyo.