Regeneración
Mariano Rajoy anuncia para septiembre la presentación de un proyecto para la regeneración política. Se me ocurren muchos aspectos a modificar en la vigente ley electoral, pero su proyecto no lo inspira la ética sino la aritmética; no lo promueve la decencia sino la conveniencia; no promociona el eclecticismo sino el elitismo. El tamaño como criterio. Propone, por ejemplo, que los alcaldes sean elegidos de modo directo, y entiende como tal que resulte proclamado el candidato de la lista más votada. Barcina se ha mostrado encantada con la idea de que gobierne quien más votos haya recolectado. Ya sabe el PP que, llegado el caso, podrá contar en las Cortes con el voto de UPN. De hecho mantiene su presidencia foral por ese procedimiento -extinguido en Navarra, pero aplicado de facto- desde que cesó al vicepresidente socialista Jiménez y se deshizo el gabinete de coalición que había sumado una mayoría parlamentaria absoluta. A falta de apoyos parlamentarios o municipales puntuales, el gobierno en minoría se manifiesta ineficiente. La democracia (DRAE) es una “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”. Por tanto, todos los grupos parlamentarios y municipales electos tienen derecho a conformar mayorías e intervenir en el gobierno local o regional. UPN-PP-CDN o UPN-PSN han sido alianzas gobernantes en Navarra, con los regionalistas como minoría mayoritaria. Sanz y Barcina, encantados. Sin embargo, las alianzas alternativas les parecen groseras. Los cambios en estudio quieren arrumbar ese riesgo. Los pactos políticos son inherentes a la democracia parlamentaria. Sería exigible que se conocieran antes de introducir la papeleta en la urna y que la formación de un gobierno múltiple requiriese de unos mínimos de representatividad de sus integrantes como existen para el acceso a la Cámara. De lo contrario, pequeñas formaciones como CDN pueden determinar mayoría absoluta y sentarse en el Ejecutivo. Eso tampoco.