Osasuna
¿Has leído el libro El Banquete sobre el desmantelamiento de Caja Navarra? Pues uno sobre Osasuna daría para mucho más”. Así se expresó un histórico del club, directo y espontáneo, cuando coincidimos en un recinto cultural del Casco Viejo pamplonés. El descenso había disparado las alarmas. Osasuna, la salud: la deportiva, justica; la económica, en la UCI. Un club que genera solo un 35% de ingresos sobre los gastos presupuestados es inviable. Sin paliativos. Nunca podrá resultar solvente y nunca podrá abonar las deudas contraídas. Ni con aplazamientos. Las plantillas y las tácticas en la pizarra del vestuario han llevado el equipo al descenso. Los equipos directivos y las tácticas de disimulo contable en la pizarra administrativa lo han llevado a la ruina. Buscar soluciones ha de ser compatible con buscar responsables. La ahora dividida e inestable Comisión Gestora -eficiente en la consecución de los requisitos mínimos para, de momento, mantener la categoría- se comprometió a la “transparencia”, a “levantar las alfombras”, pero se muestra asustada ante la realidad: “hay serias dificultades para pedir responsabilidades sin dañar al club”. ¿Debemos entender que salvar al club requiere de impunidad en gestiones precedentes? Quizá algunos debieran pagar con su patrimonio personal las consecuencias de su mandato. Y desde luego UPN, gobernante y responsable de la Hacienda durante varias décadas (el 75% de la deuda es con Hacienda), tendría que adelantar de su patrimonio como partido político la condescendiente y engañosa relajación recaudatoria. Es probable que Navarra carezca de mimbres canteranos y económicos para construir y mantener clubs deportivos de élite. La arena en los ojos es anterior a la megalomanía del Navarra Arena. De la letra del himno solo queda vigente el sentimiento de fidelidad de la afición. “Fuerte y rojo es el color de tu blusa y tu bandera”. Rojos los colores, rojos los sentimientos. Rojos de vergüenza.