Blue lips. Labios azules. Una película hispano-argentina en el contexto de los Sanfermines. Varios directores, varios actores y actrices principales, varios equipos de filmación. Financiación múltiple, incluida ayuda del Gobierno de Navarra, comunidad de nacimiento de una de las productoras. La trama hace confluir en las fiestas de Pamplona a protagonistas provenientes de distintas y alejadas partes del mundo con sus respectivas peripecias personales. La verdad es que las fiestas de San Fermín no han tenido mucha fortuna como escenario de ficción cinematográfica y de creatividad publicitaria. En este caso, el guión conoce y retrata bien el ambiente, aunque en algunas secuencias se eche en falta sonido directo. Merece reparos. Cuatro importantes. Comportamientos que tratan de ser anulados de la imagen internacional al considerarlos contraproducentes o indignos. La película refleja y promociona el salto desde la fuente de Navarrería, gesto fuera de la naturaleza de la fiesta, de moderna incorporación y de nefastas consecuencias. La película incluye la pernoctación de una de las protagonistas en la muralla del Redín, al lado de la malla instalada por precaución y como señal de peligro, no desde luego por estética monumental y respeto histórico. Para colmo, la salva y se asoma al precipicio en un amago de suicidio (visita Pamplona para tratarse de una enfermedad). La película admite como fórmula infalible de persuasión de la voluntad masculina la oferta de exhibición de los pechos femeninos, aquí para obtener la cesión temporal de un teléfono móvil. Con éxito, por supuesto. La película sitúa en Santo Domingo, neófito y bloqueado por el desconcierto, a otro de los protagonistas, una figura del fútbol brasileño invalidada por una lesión para la práctica de élite. El encierro, como reto. Todo eso pasa en fiestas, pero no debería pasar. Las campañas institucionales tratan de evitarlo mientras sufragan su promoción en cine. ¡Corten!
- Multimedia
- Servicios
- Participación