La ventrílocua Yolanda Barcina ya tiene muñeco: José Javier Esparza, candidato de UPN a la presidencia del Gobierno de Navarra. Su sucesor en el cartel lo tendrá complicado para serlo en la poltrona. Decisión mayoritaria del Consejo Político, tras el trámite del Comité de Listas, en una aplicación restrictiva de los estatutos del partido. Un sentido participativo de moderna democracia interna orienta a que los afiliados voten en este tipo de decisiones. A mayor refrendo, mayor legitimidad. Los órganos de representación suelen estar contaminados por intereses de cargos y prebendas, que resultan determinantes. Bien es cierto que quienes ahora han demandado primarias no lo hicieron cuando el procedimiento vigente les asignó puesto de salida en lista electoral. Barcina-Esparza, la bicefalia más cómoda de las planteadas para la presidenta del partido y controladora del aparato. ¡Con el morbo que habría tenido una bicefalia Yolanda Barcina-Amelia Salanueva! ¡Quién le iba a decir a Barcina que provocaría y aceptaría una bicefalia, fórmula denostada y desaconsejada por ella como perturbadora de la coherencia y de la estabilidad! Mal menor de un ejercicio de soberbia: ser candidata solo con opciones fiables de ser presidenta. Alberto Catalán, un histórico de UPN -aquel yogur a punto de caducar del que hablara el recordado Rafael Gurrea-, vio colapsadas sus aspiraciones políticas: ni presidente del partido ni su candidato electoral. Sería de dignidad política que renunciara al posible consuelo de puestos de recompensa en listas autonómicas o nacionales. Ya es hora de vivir de la farmacia. Esparza tiene varios desafíos: recomponer la unidad interna, detener la pronosticada hemorragia de votos, seducir al “nuevo” PSN, y, si fuera compatible con esto último, mantener fraternidad con el PPN. El mayor: gozar de autonomía de criterio para redactar su programa electoral y confeccionar la lista. El supremo: que Barcina haga mutis por el foro.