Síguenos en redes sociales:

Ética

La ética en el periodismo: “Me piden que hable de lo inexistente”. Era la clausura de un curso sobre ética y vida cotidiana organizado en la Biblioteca Pública de Barañáin, una mesa en la que nos sentaron a cuatro ponentes: salud, economía, medio ambiente y periodismo. Fui el cuarto de los cuatro intervinientes y había que agitar la curiosidad del nutrido auditorio. La frase de reclamo -seca y lapidaria- responde a la tónica dominante. Como aclaré enseguida, admite excepciones. Más, quizá, en blogs y proyectos periodísticos en la Red. Las filias y fobias ideológicas de los propietarios, la servidumbre al entramado institucional y de poderes fácticos, la dependencia económica de grupos financieros y fondos de inversión, el periodismo militante sobre la militancia en el periodismo, la inestabilidad y precariedad laboral en las redacciones son el peor tempero para el cultivo de la ética en los medios de comunicación. En esa tierra, mal puede germinar la semilla de la ética. Sea de titularidad privada o, hecho aún más impúdico, de titularidad pública. Gran cantidad de contenidos periodísticos, sin distinción de soporte material o tecnológico y con afectación a todas las secciones (política, opinión, deportes, sociedad?), están preñados de falta de ética. Es mayor la pluralidad de medios que la pluralidad en los medios. Contexto hostil: visión sesgada en la información política o sindical; parcialidad en el tratamiento del análisis deportivo; amarillismo en los asuntos de personajes mediáticos; selección sectaria de firmas de opinión y tertulianos; morbo en la crónica de sucesos; publirreportajes apenas identificados como tales; propaganda escondida en la propia información; periodistas radiofónicos y televisivos obligados a la dualidad de informador y anunciante en el mismo programa; complicidad servil con campañas de intoxicación; aceptación de ruedas de prensa sin preguntas. En ese periodismo no cabe la ética. Imposible.