Podemos
Podemos Navarra concluye hoy el periodo de presentación de candidaturas para la elección de su Consejo Ciudadano y de su secretario o secretaria general. El proceso constituyente continuará con la campaña electoral y las votaciones. El 14 de febrero sabremos, con indicios fundados, si el resultado enamora o decepciona. Las opciones internas concurrentes más que círculos concéntricos son tangentes e, incluso, secantes. El núcleo central de Podemos en España, con tres o cuatro cabezas visibles, aspira a gobernar o a resultar determinante en la gobernación del Estado. Ahí radica su objetivo esencial, hábiles en la confección de un cesto capaz de recoger todo el descontento, cabreo, malestar, rabia e indignación sembrados en el país por la gestión política de PP y PSOE y por la epidémica y transversal corrupción. Un líder carismático y unos voceros convincentes han bastado para obtener diputados europeos y para romper techo en sondeos electorales. El hartazgo no es una ideología sino un estado emocional, motor último en la elección de papeleta. Sus propuestas son elásticas, pero su complicidad con el ánimo social mayoritario es firme. Conformar estructuras territoriales en el Estado de las Autonomías y concretar respuestas a preguntas cercanas es muy complicado. Lleva tiempo y riesgos. El compromiso de cambio no admite fórmulas o pactos homogéneos. En Navarra, la definición de la estrategia de pactos ha de ser transparente y pública antes de la cita con las urnas forales. Dará o quitará votos, aquí y en las generales. La ciudadanía está escamada y escarmentada. Las cosas claras, de antemano. Así como respuestas al futuro de la Transitoria Cuarta en una hipotética reforma constitucional, a la activación de la consulta que contiene en relación con Euskadi, a la zonificación del vascuence, al tren de altas prestaciones, al régimen foral y al convenio económico, entre muchas. Lo que pueda ser de Podemos, pronto lo sabremos. A tiempo.