coincidencia temporal: Franco pierde su condición de hijo adoptivo de Navarra y UPN admite que puede perder su caudillaje en Navarra. El PSN ya no podrá salvarlo por la campana. O al menos no podrá hacerlo solo y determinados compañeros de viaje supondrían su inexorable extinción. Unión del Pueblo Navarro lleva casi un cuarto de siglo en el Gobierno de la Comunidad. Seis legislaturas consecutivas, salvo un año de la segunda. La racha pudo romperse en las dos últimas, pero los socialistas traicionaron los compromisos publicados. A los regionalistas se les presenta en mayo el más difícil todavía. La cuerda está floja y falta red. El riesgo de trompazo es severo. Se nota nerviosos a sus dirigentes políticos, a los cargos con nómina, a los dietistas y a los estómagos agradecidos colocados a dedo en la estructura de la Administración y en las sociedades públicas. También a los pesebristas de distinta índole, propios y adheridos. Serían muchos los damnificados si sufrieran un revés electoral. Con el panorama ordinario de esta tierra, siempre complejo y plural, UPN se ha apañado bien: complicidad con el PSN, reconciliación con CDN, sintonía ideológica con el PP, unos mimos retribuidos por aquí y por allá? Bastaba con aislar a la izquierda abertzale. La irrupción de Podemos le ha quitado el sosiego. Una fuerza nueva, sin ideología confesa y todavía sin programa, desbarata sus estrategias. Y todo lo que se le ocurre a su neófito candidato es torear por esparcinas, la recurrente suerte de invocar al miedo. Los cabreados en Navarra tienen hoy por hoy más peligro electoral que los vascos de Navarra. Los chavistas ponen maduro a UPN para caer del poder. Así que Esparza ha optado por mezclar secesionismo, terrorismo y populismo y alertar sobre que el pacto con Bildu se gesta en las entrañas de Podemos. Sí o sí. La metáfora del caballo de Troya. ¡Falso! El currela Esparza es el auténtico caballo de Troya: esconde a la capataz Barcina.