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Grey

Las sombras de múltiples y agudas neuras provocan una actitud compasiva, quizá por los destellos deslumbrantes de su aspecto atractivo y su persuasiva riqueza económica. La sala rozaba el lleno, con predominio de un público femenino joven, incluso adolescente, y parejas de esa edad. La película llega precedida del éxito comercial -que no literario- de la trilogía novelesca del mismo título. La taquilla suma recaudaciones millonarias desde el primer fin de semana. Un delator fenómeno de masas. Me sorprendió la composición sociológica del público y sus reacciones ante el desarrollo de la trama. La historia nace de la obnubilación de una entrevistadora accidental por el bello y seductor personaje encumbrado en el éxito empresarial. La joven graduada universitaria se rinde al halago de señuelos de lujo. Sus pretensiones románticas colisionan con un requisito frío, calculado e inmutable: su entrega voluntaria como objeto/sujeto de placer sexual, en un concepto duro, dominante y sádico del sexo; una relación contractual, con cláusula de confidencialidad, plena disponibilidad, derecho a enmendar o suprimir algunas de las prácticas propuestas en el documento y mutua exclusividad. Un principio: el dolor produce placer. Un estímulo: la prospección de los propios límites en el juego sexual. Una condición: él es físicamente intocable. A veces parece que tenga sentimientos, que sus rígidas normas presenten fisuras emocionales. Se intuye un final abierto cuando el ascensor se cierra en el plano final. La sensación de la atmósfera percibida en la sala fue inquietante: admiración ante el poder cautivador de lo material, comprensión con las iniciales concesiones de la chica, complicidad con su actitud contumaz de redención del posesivo y dominante varón, digestión aceptable del daño físico, tolerancia con el sometimiento. Baja estima y dignidad del ser femenino. El erotismo, un reclamo. Dominación, sumisión, tortura física y moral. Grey. Gris.