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Coherencia

esparza va a tener que renunciar a la presidencia del Gobierno de Navarra. Por coherencia. Esclavo de sus palabras. Por algo tan navarrísimo como la palabra dada. UPN ganará las elecciones forales, según todos los sondeos demoscópicos. Todas las encuestas le otorgan el mayor número de votos y de escaños, con distintas holguras, superado aquel soponcio brutal del Navarrómetro. Pero la caída en las expectativas es sensible y, sobre todo, determinante para dificultar un gobierno conservador estable. UPN podría retroceder al número de escaños de 1987, la legislatura anterior a su matrimonio de conveniencia con el PP. O más. Un CISco en la apertura de campaña. Su lema en superlativo contrasta con la implantación menguante. Y el candidato Esparza tiene contraído un compromiso: “Me parece fundamental que Navarra tenga un gobierno estable. Ya sea un gobierno de coalición o con un pacto de legislatura. Si no se da esa circunstancia, no seré presidente”. Es poco probable que se dé esa circunstancia tras oír lo que se dice de posibles pactos. “El PSOE huye de los extremos, y UPN-PP es uno de ellos”, “UPN es el continuismo”: frases de Pedro Sánchez en Pamplona -Día de la Rosa-, aunque el muy capullo olvidó que el PSN ha sido responsable contumaz de ese continuismo de UPN. Ciudadanos, presumible debutante en la Cámara, aplaza cualquier pacto hasta después de las elecciones generales. No quiere que se le vea el plumero antes de tiempo. Pillería estratégica. El PP aportará poco a la suma por la derecha. Del Burgo traía sobres y Zalba trae líderes propagandistas. El ochote que ocupe el Parlamento, difícil de ajustar. Sobre todo si se mantienen los rechazos del PSN a UPN y Bildu y de Podemos al PSN. Barcina, que utilizó el mismo dedo índice para seducir a los socialistas y luego decretar su expulsión, vuelve ahora al requiebro cautivador porque considera que la llave estará en manos del PSN. Cierto. De la rehabilitación o del suicidio.