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Cambio

El cambio político es posible. En Navarra. En Pamplona. Esta vez, sí. Sobre todo porque no necesariamente pasa por el PSN. La democracia es el gobierno de la mayoría, no de la lista más votada. La minoría mayoritaria quiere a UPN. La mayoría social, no. Incluso la peligrosa mayoría absoluta es democrática aunque se construya sobre un partido con escasa representatividad (UPN-CDN). ¿Acaso Esparza disimula sus desesperadas fórmulas a cuatro? ¿No ofrece la Presidencia a la quinta fuerza? Solo e insuficiente, UPN aún se puso tiesico tras el escrutinio. Perdió el gobierno, alcaldías importantes y votos, pero mantuvo su estilo de soberbia y arrogancia. UPN trató de inocular pánico en la sociedad: la alternativa acabaría con la vigente naturaleza política de la Comunidad, aboliría tradiciones festivas, espantaría inversiones y destrozaría el estado del bienestar, con maltrato expreso a la familia y a la educación concertada. La teoría del caos. Dos objetivos: evadirse de la autocrítica y del debate de su gestión económica y social, y esconder su temor gélido al relevo. ¿Dimitirá alguien en UPN por el fracaso electoral -quizá Barcina para centrarse en el psiquiatra-, o Chivite (PSN) por haber ganado solo a las encuestas, o Pablo Zalba por la casi extinción del PPN? Ahora toca la construcción de un proyecto de cambio institucional. La iniciativa corresponde a Geroa Bai entre las siglas que apuestan por él. Sin obras de misericordia con el PSN, que debería pasar su purgatorio después de las reiteradas traiciones. Los socialistas se dejan querer para sumarse al cambio, a pesar del ingrediente “populista” de Podemos: de “nada” con Bildu a solo que “no sería deseable” que estuviera en el gobierno. Podemos mantendrá su negativa a pactos con el PSN, si es coherente. Un programa compartido, imprescindible. Un Gobierno compartido, inevitable. El personalismo caducó con la campaña. El Parlamento es la trastienda. El Ejecutivo, el escaparate.