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Euskera

Los ruidos cerebrales alteran la capacidad de razonamiento. El odio y la fobia son penetrantes y desestabilizadores. El sindicato LAB ha ganado con mucha holgura las elecciones sindicales en la Administración Foral, la primera empresa de la Comunidad. El segundo sindicato con mayor representación es también nacionalista vasco. La suma de los dos (LAB-ELA) dobla la de sus homólogos constitucionalistas (CCOO-UGT) entre los llamados sindicatos de clase. La reacción de la candidata del PPN a la presidencia del Gobierno, Ana Beltrán, fue fulminante: “La victoria del sindicato radical abertzale LAB en la Administración confirma que es un error que el euskera puntúe como mérito en las pruebas de acceso”. Y predijo: “Este resultado nos garantiza cuatro años más de huelgas, de protestas y de dominio de la Administración por parte de quienes no quieren a Navarra como la Comunidad diferenciada que es dentro de España”. Su receta: “En la administración tienen que estar los mejores, independientemente de su conocimiento del euskera”. Alimento de campaña, con resultados indigestos. El euskera en su versión unificada, e incluso el vascuence en sus diferentes y ricos dialectos autóctonos, tiene que estar en la Administración navarra porque una parte relevante de sus administrados viven y quieren vivir en euskera. Es una de las lenguas propias del territorio, con anclaje secular. Aunque una persona sea funcional en castellano, tiene derecho a ser atendida en su lengua materna y formada en esa lengua de su patrimonio antropológico. La lengua vasca es navarra y sus hablantes no necesariamente están adscritos a una ideología política, una confesión religiosa o una sigla sindical determinadas. Beltrán puede encontrar empresarios y conservadores como ella que se comunican en euskera. Como también encontrará votantes de LAB sin un ápice de conocimiento de esa lengua. El cabreo laboral contribuye también a poner en la mesa los huesos más duros.