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Gobierno

El eslogan de campaña, cumplido: “Uxue, presidenta”. La líder de la sigla más votada entre las comprometidas con el cambio de gobierno, apostó por una campaña personalista para rentabilizar su condición de política española menos mal valorada y de política navarra muy conocida. Su criterio en la formación del nuevo Ejecutivo foral, ha prevalecido. Se puso tiesica en la defensa de su planteamiento en las mesas de negociación. Arrogante, incluso. Se lo podía permitir: nadie iba a romper la baraja. Acuerdo difícil, pero inevitable. Negociadores atrapados por un pacto inexcusable. Una formación emergente y asamblearia junto a tres coaliciones. Diversidad excesiva -antagonismos y rivalidades directas- condenada a entenderse. La tardanza de dos meses en la constitución del nuevo Gobierno revela disparidades relevantes y postreras concesiones resignadas. Todo por el cambio. Muy benemérito. El acuerdo programático alcanzado es pura literatura de consenso -rutilante ambigüedad-, sin concreciones que solivianten a firmante alguno. Coalición para el cambio, que no Gobierno de coalición. Un Gobierno de Geroa Bai, asumido por EH-Bildu (consolidar antes que centrifugar), aprovechado por I-E, y con apoyo táctico de Podemos (el apóstol Pablo aspira a otros altares). Un gabinete de técnicos competentes y experimentados en sus materias, emocionalmente vinculados al nacionalismo vasco. Paritario y senior (media de casi 50 años). Empieza la gestión. En lo social, acción inmediata y contundente. El escaparate. Las disidencias importantes, al fondo de armario. Cambio histórico, histérico por parte de los democráticamente desalojados. García Adanero, portavoz parlamentario de UPN, definió los sentimientos de los entrantes: “Rencor y venganza”. Esta semana se ha visualizado la salida oficial de Barcina y sus acólitos. Un tartazo político con tarta elaborada en la repostería de las urnas y el pacto. De un merengue más duro que el francés: el vasco.