Balanzas
El fiel de la balanza de la presidenta Uxue Barkos está calibrado de forma un tanto caprichosa. ¿Cuál es la diferencia objetiva de peso político entre Adolfo Araiz -portavoz parlamentario de EH-Bildu en Nafarroa-, Manu Ayerdi -máximo responsable del PNV en Navarra-, y Xabi Lasa -coordinador general de Aralar en la Comunidad Foral-? La candidata a presidenta por Geroa Bai -postulada por las otras tres siglas del cambio para la formación de Gobierno- impuso la condición de que ningún consejero fuera parlamentario foral o tuviera cargo orgánico en partido. Rechazaba así la imagen de un Ejecutivo con cuotas. Determinación tajante. Siempre tuvo claro que Ayerdi fuera su mano derecha, con rango de vicepresidente y asunción de las competencias con más peso económico y, por ende, total repercusión en las diferentes coordenadas del cambio social realmente posible. Cuando su deseo pudo ser realidad, y no antes, Ayerdi anunció el abandono del cargo jeltzale y la incompatibilidad quedó resuelta. Lo mismo afecta y el mismo proceder corresponde al exalcalde de Berriozar, miembro emergente de aquella Aralar que escapó y destruyó NaBai, plataforma de lanzamiento político de la ahora lideresa foral. En este caso, una consejera ha propuesto director general y la presidenta lo ha bendecido. La diferencia entre Ayerdi y Araiz es de siglas. La diferencia entre Araiz y Lasa, ambos de Bildu, es de empatía: Lasa es su amigo. Otra balanza -elecciones generales- tiene sus platillos vacíos. Los del cambio no parece que quieran encontrar fórmula unitaria (Podemos e IU tienen servidumbres estatales propias) y la derecha empieza a discutirse estrategias y hegemonías. UPN tiene músculo provincial, pero necesita la vitamina del PPN para fortalecerlo ante las generales. El PPN, que reapareció para quedarse, quiere, sin embargo, un acuerdo “sostenido y estable” para forales y municipales. Discusión entre el navarrísimo y el frustrado concejal. Entre fracasados.