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Participación

La calidad de la democracia gana con una sociedad formada, informada y comprometida. Activa. Exigente. Vigilante. Crítica. El modelo de democracia representativa conocido ha derivado en una élite de pastores y unos cómodos y descreídos rebaños. Participación y derecho a decidir son herramientas vitales en la superación de ese contexto. No se debe dejar hacer sola a la clase política. Nadie merece confianza ciega. Ni con una moratoria de cuatro años. Los hábitos electorales cambian despacio. Las modificaciones transitorias y volubles responden más a impulso visceral que a un análisis intelectual. La fidelidad a las siglas tiene enormes tragaderas. El voto a favor de una candidatura tiene mucho también de voto en contra de otra. Bildu ha promovido la celebración en el Parlamento de Navarra de un pleno monográfico extraordinario sobre “participación y derecho a decidir de la ciudadanía en el ámbito económico, social y político”. Los demás partidos del cambio contribuyeron a que prosperase su tramitación reglamentaria. UPN, PP y PSN sospechan que se trata de una vía “catalana” a la segregación y coinciden en que es un asunto ajeno a las preocupaciones de la gente. Excusas bazofia. El derecho a decidir dirigido a un cambio de estatus jurídico es moralmente legítimo, aunque en este tiempo no sea una opción legal. La modificación de leyes es una de las atribuciones de los representantes políticos. Pero el derecho a participar y a decidir, con superación de la vigente Ley de Transparencia y del Gobierno Abierto (2012), va mucho más allá de las pulsiones de una tendencia política concreta. La consulta tendría que ser un elemento ordinario en la gestión pública de cuestiones económica, social y políticamente sensibles. Al Gobierno le tocaría documentar sus proyectos de forma ecuánime y escuchar a la ciudadanía. Quizá así determinadas obras y formas de financiación tuvieran aval, o no se habrían hecho. Por preguntar, que no quede. Nunca.