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Torpezas

maider Beloki y Cissé Mbongo fueron torpes. La concejala de Cultura, por llegar al centro en coche para entregar los premios de la San Silvestre -prerrogativa de quien puede aparcar donde no el común de los ciudadanos- y, sobre todo, por carecer de iniciativa para pedir que le hicieran la prueba de alcoholemia tras haber atropellado a dos ancianos. Un cargo público ha de ser más exigente que los propios agentes policiales porque existe una sensibilidad especial con respecto a su comportamiento. Es probable que la tensión del momento nublara su lucidez, pero la política es un arma cargada de venganzas. El precedente del caso Polo estimuló las suspicacias de UPN y revolvió las agitadas aguas internas de la Policía Municipal. Atropello físico de la edil de Bildu y atropello moral -insidioso y vejatorio- de su vociferante correligionario Abaurrea. El congoleño Mbongo, doctor en Medicina por la Universidad de Navarra, colaborador clínico en el departamento de Anestesiología y Cuidados Intensivos de la Clínica de la Universidad y profesor asociado en su Facultad, constituyó la sorpresa de última hora en la Cabalgata de Reyes Magos al encarnar al rey Baltasar. La inserción publicitaria del desplegable repartido con la composición de la comitiva era de Acunsa, aseguradora de la clínica del Opus. Hizo historia: primera persona de raza negra en asumir en Pamplona el papel de rey negro. Pudo ser un relevo discreto después del crescendo anual de alboroto social y mediático ante la tozudez ególatra de un blanco pintado. Pero no. Mbongo rompió la magia: “El Baltasar que todos conocéis está enfermo. Como no podía venir hoy, buscó otro rey”. Declaración innecesaria e inconveniente. Inaceptable, incluso como cortesía con su veterano predecesor y presidente de la Asociación Cabalgata de Reyes. Agitación en las redes y nervios en la organización. Desmentidos oficiales de mensaje inducido y disculpas del monarca. Para todos, ¡carbón! Bien negro.