Monarquía
Maniobra de distracción. Estrepitosa. En toda decisión cuentan la convicción y la oportunidad. Los intentos de difundir una imagen de debilidad del Gobierno de Geroa Bai, sobre todo desde la pérdida de su diputado a Cortes, han presentado la oportunidad de anunciar una decisión sustentada en la convicción: los Reyes de España no serán invitados a presidir la entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura. En junio, no era “una prioridad” para Barkos; en julio -ya decidido el primero de mes-, nada le dijo al rey Felipe VI en la audiencia en la Zarzuela; en diciembre, notificación por correo electrónico. Un replanteamiento del Premio viene recogido en el Acuerdo Programático del cuatripartito foral: “Revisar el Premio Príncipe de Viana de la Cultura, desvinculándolo de la Monarquía”. El nuevo carácter lo inviste de honorífico (sin dotación económica), lo traslada del Monasterio benedictino de Leyre al Palacio de Olite (de un edificio religioso a uno civil), lo separa del Homenaje a los Reyes de Navarra, y prescinde de la presencia de miembros de la Casa Real española. Se define como “una vuelta a los orígenes”. La nueva ceremonia y su ritual se crearán de acuerdo con el recientemente renovado Consejo Navarro de Cultura. Olite es “el lugar que rememora mejor que ningún otro la obra y la vida del personaje que da nombre al Premio, el príncipe de Navarra Carlos de Trastámara y Evreux” (Ana Herrera, consejera de Cultura). Ese punto del Acuerdo Programático está redactado con desprecio y desgana. Para ser preciso, tendría que leerse “desvinculándolo de esta Monarquía”, o “de la actual Monarquía”, o “del Borbón reinante”. Porque tanto el Homenaje a los Reyes de Navarra (Leyre) como el Príncipe de Viana (Olite) rinden tributo a la monarquía, sistema de gobierno del que algunos o todos los firmantes quisieran verse desvinculados. Monarquía en la memoria, reconocimiento y promoción. Monarquía en presente, repudio y distanciamiento.