Euskera
“Si quieres ser profesor, euskera tendrás que hablar; o te quedarás sin plaza y sin poder trabajar”. Mientras la Escuela de Jotas de Buñuel canta, un figurante encarna a un maestro en paro que, mendicante, pasa la gorra por delante del coro. Las chirigotas gaditanas han inspirado las chirijotas. Nada que reprochar al humor, sea sutil o ácido, irónico o cáustico, recurrente o innovador. En Navarra, la vida del vascuence ha sido un drama: perseguido en el franquismo y maltratado en democracia. La ley foral del vascuence cerró una zonificación para consolidar una situación coyuntural (las lenguas son vivas, avanzan y retroceden) y hacer sectarismo de la diversidad en lugar de integrar la pluralidad. Fronteras internas en un territorio común. El vascuence tendría que haber formado parte como asignatura en el currículo de la educación obligatoria. Lengua castellana y lengua vasca. Los estudiantes hubieran salido con un nivel aceptable de conocimiento de ambas. En un momento determinado de su proceso formativo, habrían podido elegir una de ellas como vehicular sin abandono del aprendizaje de la otra. Resultado: una comunidad bilingüe respetuosa con sus lenguas y con su historia. La concepción hostil del euskera ha sido una de las lacras de UPN. Los regionalistas lo dejaron en manos del nacionalismo vasco y se lo vinculó a la anexión a Euskadi, al separatismo y al terrorismo. La cultura sucumbió ante la política. Hace un año, el Parlamento foral aprobó la extensión del modelo D a toda Navarra (27-23): “La incorporación del euskera a la enseñanza se llevará a cabo de forma gradual, progresiva y suficiente, mediante la creación, en los centros públicos existentes, de líneas en las que se imparta enseñanza en vascuence en función de la demanda”. Sólo se opusieron UPN y PPN. Ahora se mofan por baja matriculación. El proceso será largo. Lo importante es la igualdad en derechos. El vascuence, una constante en las jotas de picadillo.