Símbolos
Armadora y capitana del navío gubernamental, pero subordinada al cuaderno de bitácora del acuerdo programático y a las decisiones de la sala de máquinas del Parlamento Foral. Uxue Barkos trata de evitar el desgaste personal, pero es inevitable. No hay estratagema retórica que valga. Carga del cargo. Un reconocimiento reiterado desde su asunción del cargo presidencial: “El sentimiento mayoritario en Navarra no es a favor de la ikurriña. A mí me puede representar, pero hoy no representa al conjunto de la ciudadanía. Soy una presidenta abertzale de una comunidad que mayoritariamente no lo es”. La consciencia sobre el corazón. La sensatez institucional sobre la sensibilidad personal. En consecuencia, una precisión recurrente: modificar la Ley de Símbolos “no está en las urgencias del Gobierno”. Cuando se modifique, eso sí, le toca “acatarla y respetarla”. Apela al voto de obediencia, pero no puede acogerse al voto de castidad: su partido comparte la incorporación de la ikurriña a los símbolos institucionales y la apoya en la Cámara legislativa. La neutralidad del Ejecutivo no le exime de responsabilidad en la acción de su partido, donde tiene mando e influencia. Quizá no la sienta, pero Geroa Bai es cooperador necesario para que prospere la urgencia de algún socio. Una afirmación de fondo: “No cambian los símbolos oficiales de Navarra”. Filosofía: “Se trata de un ejercicio de convivencia y respeto a la pluralidad”. De anular la prohibición. Por tanto, consiste en facultar a las entidades locales para que, por acuerdo plenario o por consulta popular, puedan exhibir la ikurriña junto a las banderas oficiales. Una opción, no una imposición. La derecha fáctica (UPN) y la derecha sobrevenida (PSN) legislaron sanciones económicas a los alcaldes en caso de incumplimiento de la prohibición vigente. Ese aspecto punitivo desaparecerá. En el trámite definitivo, el Boletín Oficial de Navarra pondrá en vigor la Ley. Con la firma de Barkos.