Lenguaje
Los políticos y sus entornos mercenarios manipulan el lenguaje. Saben que mensajes concisos sostenidos en el tiempo calan en el tejido social. Ante la complejidad casi insalvable de configuración de una mayoría parlamentaria para la formación de Gobierno en España, se presiona con la idea de que los electores transmitieron un mandato de pacto. Con la coda de que la convocatoria de unas nuevas elecciones sería como imputar a la sociedad un voto erróneo a corregir. Falsedades tramposas. La voluntad ciudadana ha alterado el pulso bipartidista y el sistema padece taquicardia. Se predice -demoscopia servil- que un futuro escrutinio apenas ofrecerá cambios relevantes y revalidará el problema. Está por ver. Es probable que la derecha salga más beneficiada que la izquierda por susto de unos y frustración de otros. Quien más necesita el salvavidas político de un Gobierno es el líder del PSOE tras el incontestable fracaso electoral de su mínimo histórico. Opciones aritméticas: PP-PSOE o pacto de salvación mediante las dos minorías mayoritarias; PP-PSOE-Ciudadanos o pacto de concentración con dos clásicos compatibles y el debutante regenerador; PSOE-Podemos-C’s o pacto inaudito entre un superviviente y dos antagónicos; PSOE-Podemos o pacto ecuménico por la cantidad de confesiones a conciliar para hacer viable la proclamación de presidente. De los imprescindibles cooperadores para una solución “a la valenciana”, llama la atención el desprecio de PP, PSOE y C’s hacia los partidos independentistas catalanes mientras se coquetea con el PNV. Tanto el PP como el PSOE han accedido al Gobierno con el apoyo de formaciones nacionalistas catalana y vasca. ¿Acaso el nacionalismo no es independentista en esencia y por definición? ¿Acaso el nacionalismo español no tiene atrapados a otros nacionalismos legítimos? A Sánchez solo le salva la presidencia; Rivera puede jugar a dos orillas. Líneas rojas, postureo, fobias, vetos. Elecciones. Por favor.