De Babia al averno
quienes ayer reían en Londres no son todos xenófobos, racistas y populistas, pero todos los xenófobos, racistas y populistas reían ayer en Londres. La mecha básica de los promotores del brexit era la inmigración, y al parecer no estaban solos en el incendio. Tampoco están solos en Europa, donde sigue subiendo una ultraderecha a la que le basta renegar de ese nombre, lucir flequillo y ocultar la esvástica para ser casi la de siempre. ¿Y dónde está la izquierda? Pues salvo excepciones deambula noqueada entre lemas mohosos y utopías rotas, incapaz de ofrecer un discurso más posibilista que esencialista, enredada en polémicas nominales porque las reales implican bajar al barro y pringarse, es decir, sentirse a ratos sucio y malo.
Papeles para todos -y todas, supongo-, abajo las fronteras, mi patria es el mundo son sueños tan hermosos como hechos inconcebibles hasta en una comunidad de vecinos. Por supuesto estamos obligados por ley y ética a ser solidarios, pero cuando se considera cualquier medida aduanera un blindaje imperialista, cualquier control de las ayudas sociales un acto discriminatorio y cualquier miedo al islamismo un prejuicio etnocéntrico, de pronto llega el famoso pueblo y no se siente representado. Y la gente, la tan mentada y olvidada gente, se levanta asustada y enfadada.
La emigración no es sólo exotismo estético y cuscús molón. También crea problemas, y quien lo niega se libra de tener que solucionarlos. Claro que a cambio deja el camino libre para que un figurón los exagere y prometa arreglarlos a su manera. Dicho en parla antigua: no es que ganen los fachas; es que se empeñan en perder los progres. Again and again.