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Líquidos

A los operarios se les fue la mano. O la aplicación anual del producto antideslizante provocó la consecuencia. El caso es que unos miles de asistentes al Chupinazo quedaron pegados al suelo e inmovilizados tras la larga espera al estallido del primer cohete. Si la eficacia del preparado asegura la estabilidad de toros de 600 kgs en punta de velocidad, imaginemos la fuerza del agarre en posición estática prolongada. Afectó a los situados en la diagonal Santo Domingo-Mercaderes y a los espectadores y transeúntes de esta última calle hasta la curva con Estafeta. Los primeros indicios de dificultad para levantar los pies del suelo terminaron en absoluta inmovilidad. Solución de emergencia: descalzarse. Las zapaterías de la zona hicieron negocio por la necesidad y urgencia de la reposición y el suelo quedó poblado de un surtido muestrario de calzados. Sobre esa sorprendente alfombra tienen que discurrir varios de los actos sanfermineros -incluidos encierro y procesión-, porque la solución técnica mediante modernos disolventes hubiera obligado al cierre durante días del tramo afectado. Impensable. Las fotos del programa oficial de fiestas -¿sugiere el autor que estos días se usan más los pies que la cabeza?- resultaron premonitorias: sobre los adoquines, zapatillas deportivas, manoletinas, alpargatas clásicas masculinas y femeninas con plataforma, playeras, chancletas y hasta algún calzado de vestir (sección caballero). San Fermín es una fiesta líquida: el antideslizante del encierro, el repelente de las meadas, el pis, la cerveza, el cava, el vino, el kalimotxo, el agua de boca (aunque estos días solemos dejarla correr, como recomienda la canción popular con la que no has de beber), el agua de aseo personal y de lavadora, el agua perfumada de la limpieza pública, el agua arrojada desde balcones, los refrescos, las bebidas energéticas, la sangría, los martinis, los sorbetes, el café, el caldico, el sudor. Y la sangre sobre la arena.