Incienso
aplauso sostenido. Palmoteo de aprobación. No de mano contra mano sino de mano contra ombligo. De sonido más oscuro, pero de sensación más autocomplaciente. El Gobierno paritario de Geroa Bai posó bajo el lema “Un año de cambio. Aldaketaren urtebetea” al término de una sesión extraordinaria conmemorativa de su primer aniversario. La presidenta Uxue Barkos fue somera y convencional en el abordaje de la autocrítica: “No se ha sabido explicar bien algunas medidas que han podido generar incertidumbre en ámbitos muy sensibles”. Contra “decepciones” -a las que no quiere hacer “oídos sordos”-, receta “paciencia”: “el cambio es una carrera de fondo, no es un esprint”. Insistió en su proyecto de un “cambio sereno, pero profundo”. Tras inhalar satisfecha su propio incienso, hizo partícipes del aromático humo a sus consejeros -reconocimiento sin mácula de su labor- y a la “altura de miras” y “responsabilidad” de las fuerzas políticas que sustentan al Ejecutivo, “sin que las diferencias hayan puesto en entredicho ni la estabilidad ni la solidez”. Juegos florales. El cambio -“otra manera de hacer las cosas”- no incluye el rigor crítico en el balance ni fórmulas para abordar las diferencias en la aplicación del acuerdo programático cuatripartito, más allá de la dilación en el tiempo. La deficiencia nunca está en las decisiones. A lo sumo, en la forma de comunicarlas. Actitud vulgar. Después de recitar los misterios dolorosos de la herencia recibida, la presidenta desgranó los misterios gozosos de su año de gestión, entre el esmero creciente por los desfavorecidos y el mimo sostenido a los favorecidos de siempre. Tarea de verano: revisión de los “equipos” y de la labor desarrollada por las jefaturas de la Administración. No es una “crisis de gobierno”, sino una “reflexión conjunta y global”. Esparza (UPN) disfruta de la cuenta atrás: “Un año menos de Gobierno Barkos”. Pero el Gobierno de Barkos navega a cuatro velas. UPN, en el dique seco.