El cuatripartito, en modo convencional: un comunicado aséptico para informar a la opinión pública de la primera comisión de seguimiento del nuevo curso político, precursora de un ciclo de encuentros generales y sectoriales. Diagnóstico: “balance general positivo”. La analítica ha revelado “capacidad para llegar a acuerdos y gestionar dificultades”. Prescripción recomendada: mejora del funcionamiento y de la coordinación. Firmado: el equipo propagandístico habitual. Un procedimiento de estas características -un plasma literario- da por saco a los devotos del cambio y de las maneras alternativas. La presidenta sacó el incensario en su monólogo de balance. Solista delante del coro de consejeros cofrades, en éxtasis por el aromático humo con que la oficiante bendecía su trabajo. Su partido sonrió complacido ante el espejo de la satisfacción. Los otros socios entonaron sus partituras de opinión en las correspondientes tesituras predilectas: nacionalista, fiscal, social, revisionista. Recurrieron todos al manido y escurridizo resumen: “luces y sombras”. De la predicada hemorragia de transparencia cabría haber esperado una comparecencia conjunta de la presidenta y de los portavoces del cuatripartito, con preguntas claro. Tampoco íbamos a pedir un streaming del cónclave palaciego, por su negativa influencia en la sinceridad expresiva. Pero el directo o las preguntas habrían servido para comprobar si Araiz le decía en la cara a Barkos que su modelo de gobierno es “presidencialista”, que tiene sus “déficits” y que Bildu está dispuesto a entrar para “fortalecerlo y relanzar el acuerdo programático”, porque con un gabinete de coalición “no se hubieran producido o se hubieran superado mejor situaciones problemáticas”. Araiz reconoce problemas para explicar a los suyos -que son de mucho cuestionar- por qué apoya un gobierno en el que no está. Los socios comparsas han elaborado un dulce con toques de acidez. UPN mantiene su arrogante rudeza.
- Multimedia
- Servicios
- Participación