UPN: inauguración curso político. Dos ponencias en la disertación de su presidente y portavoz parlamentario: Retórica de la reiteración y Deconstrucción manipulada. Auditorio cómodo: cargos públicos y del partido. A mesa puesta. Esparza no levanta pasiones en el regionalismo. La doble renuncia de Barcina (a la candidatura electoral y a la dirección de la organización) despejaron su horizonte. Los apoyos internos fueron cortos: superó por poco el 60% de respaldo como cabeza de lista y ni lo alcanzó para líder. Tiró de repertorio: obsesión nacionalista del nuevo Gobierno, imposición de la ikurriña, presión fiscal excesiva, freno al progreso, “pesadilla” de la gestión educativa, “mentiras” en reducción de listas de espera, conflictos en bomberos y policía foral. Castigo directo a Barkos: “Hay muchos navarros y navarras que ya no la creen”. Quiso demostrarlo con cifras al comparar el resultado de Geroa Bai en las últimas autonómicas y en las recientes generales. El drama de UPN y de Esparza es que -aún fuerza hegemónica en Navarra- vive sus peores tiempos: pérdida del poder foral y de mucho poder municipal, y el menor número de votos desde 1991. Hasta 2011 superó el 35% de los votos, con el récord en casi el 50% (2000). Por eso, en intento de remontada, Esparza hizo gestiones para manipular la alineación y evitar la concurrencia electoral de Ciudadanos en junio. Aprendió que “el no es no” aquí y en Madrid. C´s se quedó con veinte mil votos del centro derecha, que tanto echó de menos la coalición UPN-PP (31,88%), a solo tres puntos porcentuales de Podemos. El miedo invita a enredar. Hasta en Twitter. UPN estaba mal acostumbrado a que el centralismo político interfiriera a su favor en Navarra. La oposición es frustrante. Más en soledad. El PSN sabe que una asociación parlamentaria de cuatro años con la derecha sería letal para su futuro. Mantiene el tipo, pero coquetea. Esparza, con barba. Por si la tiene que poner a remojar.