Altsasuología
Como no estaba allí y, sobre todo, como no he nacido ayer ni en Filipinas, supongo que podré tragarme sólo el parte médico y lo que nadie ha desmentido: que unos que eran más enviaron al hospital a otros que eran menos. Eso, la agresión indiscutible, merece condena. Y me asombra -no, ya no me asombra- la patriota fe de tantísimos ausentes aquella noche: esos a los que un exceso de ideología, cada cual la suya, les regala una seguridad blindada a la hora de aceptar una versión o la contraria. No preguntes y sentencia.
Yo he visto linchar a un ertzaina casi hasta la muerte en fiestas de Bilbao. También a un policía beodo sacar la pistola en un bar y amenazar a la parroquia. Y todavía hay quien desde lejos niega una u otra posibilidad, la del guardia chulesco pasado de copas y la de una peña fanatizada. Como si en la Zona Especial Norte fueran novedad, algo incompatible. Esto no es una muestra de equidistancia, es una asunción de ignorancia. Reitero: no estaba allí, donde al parecer sólo faltó Melendi. Por eso, y porque las cartas están marcadas, me asiste el derecho a la incredulidad y a la duda.
Ahora bien, más que esa actitud sectaria con respecto al origen de una bronca, asusta la que se ha mostrado hacia todo un pueblo. Ivo Andric escribió que Bosnia está destinada a causar violencia o a padecerla, y una bandería ha venido a certificar lo primero a Alsasua. Otra tiene muy claro lo segundo sobre Altsasu. Para qué conocer y dar a conocer a la Muy Ilustre Villa, ocho mil personas y un Ayuntamiento multicolor, pudiendo encajar a tan plural paisanaje en el prejuicio. Siguiente capítulo: póngame una de Berriozar. O repetimos Hernani.