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Esos fachas judíos

Arranco, sí, con frase larga y tostón. Un repaso a decenas de tuiteros, analistas y voces llamadas alternativas, un somero estudio entre gente de barra y varios toques telefónicos han confirmado lo que esperaba: como se diría en euskara, once paisanos, o sea, bastantes consultados creen que la victoria de Flequillo Amarillo alegró la noche a los judíos e iluminó su kipá. Fascistas, ya se sabe. En gran parte del mundo árabe esa verdad es absoluta. En nuestro mundo de Yupi es mayoritaria. A botepronto quizás usted opina igual.

Pues bien, la comunidad más demócrata, junto con la negra, ha sido la de David. Sólo uno de cada cuatro votantes hebreos ha optado por Donald Trump. ¡Ah!, responderá el suspicaz, es que por la Yuma pasean Woody Allen, Noam Chomsky, Michael Chabon, nada que ver con los cerriles abusones de Israel, con perdón. Pues vaya, otra vez, las encuestas realizadas durante meses, la última el lunes, indican que también allí, en la cuna de Etgar Keret, preferían a Hillary Clinton. Ninguna promesa del islamófobo republicano, ni siquiera la percepción general de que beneficiará a Tel Aviv, ha cambiado la tendencia. Tanto los jews del Imperio como los sabras del Infierno deseaban su derrota.

Me pueden creer o no, que el pueblo es soberano. Y según leo y oigo también lo es mucho colega para mezclar en el eterno cóctel tirabuzones, lugares comunes y prejuicios. Claro que como eso del antisemitismo es sin duda un chollo inventado en el Instituto Weizmann, deberé afirmar que estas letras no van contra algo que al parecer no existe, sino contra el mal periodismo, la mala información y, en fin, la mala idea. Que así nos va.