A la contra

Chill Mafia

17.04.2021 | 01:02

Soy un abuelo viejo al que le gustan las canciones tristes con armónicas y mierdas así que suenan a hueco y huelen a alcanfort y como ya saben ustedes Bob Dylan es Dios –David Letterman contó que una vez le dijo a su hijo que las dos únicas cosas que debía saber era que tenía que ser amable con todo el mundo y que Bob Dylan es el mejor compositor de la Historia– y los cuatro apóstoles son Leonard Cohen, Neil Young, Tom Waits y Van Morrison. Luego hay 100, 200, 300 tipos, tipas, grupos, etc que conforman mis gustos y poco más. Reconozco que mi incultura musical de 1990 a aquí es muy grande. Por eso me alegro cuando se me van los pies detrás del ritmillo de un par de canciones que he escuchado de unos veinteañeros de Pamplona que se llaman Chill Mafia y aún me enamoro más cuando les leo en algunas entrevistas que han dado por ahí: hostia, tienen unas cabezas perfectamente destartaladas y brillantes. O esa impresión da desde fuera, la impresión de que bajo esa apariencia de barrio chandalero hay mucho más que la apariencia, amén de la certeza de que toda la vida han sido los barrios chandaleros los que han volado la cabeza de lo que ya había. No tengo ni la más remota idea de si su estilo me seguirá llamando o no la atención, porque ya digo que a mi lo que me gusta es el rock americano clásico y las moñeces y Townes Van Zandt y Blaze Foley –que eran más punkis que todos los punkis de mierda de boutique que son el 99% de los que copan las calles y así con todas las tendencias–, y porque esa mezcla de rap, trap, electrónica y yo qué sé a priori está bastante alejada de mi ADN, pero el caso es que se me van los pies, así que como ha sido toda una novedad con respecto al 99% de lo nuevo –ya digo que para mi nuevo es todo lo posterior a 1990– pues estoy encantado. ¡I was born errotxapean, kililifrexkoooo, flakofonki, Chill Mafia!!! ¡Biba zu! ¡Aúpa ahí!

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