Y tiro porque me toca

El Tata Santiago

25.07.2021 | 00:37
El Tata Santiago

Aprovecho que es el día del Señor Santiago, que decían los rancios de la camisa azul, las devociones y las pistolas, para contarles una anécdota, un sucedido si prefieren, de hace unos años, en La Paz, Bolivia, plaza de San Francisco, cuando aquello era un zoco asombroso, de día y de noche, donde se urdían manifestaciones, cabildos, se daban mítines y adivinaba el porvenir, se mendigaba, se compraba y vendía, se atendían negocios y consultas, se acudía a los reziris, se comía, bebía, se farreaba, con o sin música atronadora, se meaba... Pues bien, un día asistí a una escena desternillante, al menos para mí. Un abogado tenía a sus clientes reunidos en la plaza, al sol, unos campesinos, para comunicarles que habían perdido un pleito de lindes, pero que no se preocuparan que iba a bajar del cielo el Tata Santiago e iba a enderezar el entuerto y a vengarles.

Sé lo difícil que es decirle a un cliente que has palmado el pleito, y más si es con costas; pero, caramba, recurrir a Illapa, el dios del trueno, el rayo y la venganza, que no otro es el que se esconde debajo del Tata Santiago de la devoción multitudinaria andina, para aplacar la ira de tus clientes, es de muy cuco porque sabes que las leyes no suelen entender de devociones.

No sé si en aquella ocasión bajó de su cielo el Tata Santiago con rostro de Illapa y puso los lindes donde se pretendía, lo que sí sé es que me he acordado de ese dios andino vengador leyendo la noticia de la jueza que ha archivado las querellas interpuestas por las muertes en las residencias de ancianos madrileñas y de los argumentos que suenan a burlas de hecho, a marear la perdiz, a enredar la madeja legaloide, a un imponente alarde de pompa retórica y que me recuerdan mis años de toga y trampa.

En todo caso, el archivo de las querellas representa un más que notable alivio para la derecha a la que pone rostro la Ayuso, responsable legal de las residencias de ancianos, y a la vez una burla de facto para los afectados, aunque sin animus iodiendi, por muy piadosas palabras que meta la jueza como quien mecha para dulcificar el palo. En ese sentido se trata de una decisión plenamente política por muy fundamentada que esté en los entresijos más retorcidos de las leyes y de las mañas retóricas. Y no hay Santiago ni Illapa que arregle eso, armando borrascas serias sobre la cabeza de los responsables, que los hay, a nada que se hubiese de verdad investigado, y aunque haya cundido un sacudimiento de pulgas generalizado. Nadie ha sido, todos obedecían órdenes o era cosa de otro departamento, de otra covachuela ministerial. Todos hicieron lo que pudieron, porque ahora resulta que era una calamidad para la que no estábamos preparados, cuando ayer era un argumento para tumbar al gobierno, en un círculo vicioso que no va a ningún lado porque para eso se construye el discurso que asume y digiere el público adepto a la Causa de la Ayuso.

Aquí han muerto unos 8.000 ancianos y no ha pasado nada, nadie es responsable de nada, como si los fallecidos hubiesen sido víctimas de una tromba de pedrisco, igual, cosa de los cielos o del cambio climático. Irremediable. Irreparable. Mala suerte. Estaban enfermos y en consecuencia condenados a morir. Nadie pudo hacer nada por los más débiles y indefensos, una realidad a la que asistimos a golpe de muerte como si fuera una revelación de algo que desconocíamos. Estaban ahí, pero ya del otro lado.

Todo lo sucedido con las residencias de ancianos encerrados en sus habitaciones, se ha transformado poco menos que en una leyenda urbana, en un caos indescifrable, en un escándalo del pasado, y estamos en el presente, solo que hay varios presentes, el tuyo y el mío. No coinciden y están llamados a no hacerlo jamás. Es de no creer, pero hay que creerlo y tomarlo como un aviso de caminantes: los gobiernos de la derecha son intocables, con o sin Villarejos de por medio, como el Borbón emérito, cuentan con el firme apoyo de las togas, eso al menos es lo que vamos viendo, hagan lo que hagan. Un día es un alivio y otro día, otro. Aviso de caminantes, insisto.

Todos hicieron lo que pudieron, porque ahora resulta que era una calamidad para la que no estábamos preparados, cuando ayer era un argumento para tumbar al gobierno

Aquí han muerto unos 8.000 ancianos y no ha pasado nada, nadie es responsable de nada, como si los fallecidos hubiesen sido víctimas de una tromba de pedrisco

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