Editorial

Flexibilidad y responsabilidad

18.05.2020 | 00:46

La relajación de algunas medidas de la desescalada, que atañen a municipios de entre 5.000 y 10.000 habitantes o a las rebajas, se solapa con recomendaciones elevadas a exigencia como el uso de mascarilla

la denominada fase 1 de la desescalada hacia la normalidad renovada en la que Navarra está inmersa desde hace una semana entra hoy en un nuevo ciclo en el que se incorporan varias novedades, como la eliminación de las franjas horarias para los nueve municipios de entre 5.000 y 10.000 habitantes –de momento en lo que atañe a la actividad física en la vía pública– y la autorización a los comercios para ofertar rebajas con la condición de que no se generen aglomeraciones que impidan el mantenimiento de la distancia preceptiva y el cumplimiento de los límites de aforo. Medidas de alivio que conviven necesariamente con otras normas obligatorias con el objetivo de garantizar al máximo la salud y la seguridad individuales y colectivas. Así, por ejemplo, el Gobierno español tiene previsto, según anunció ayer el ministro Illa, la regulación obligatoria del uso de mascarillas más allá del transporte público, al menos en los espacios cerrados o en los que haya dificultades para mantener la distancia física aconsejada. Se trata de conjugar, siempre que la evolución de la pandemia así lo permita, la progresiva flexibilidad del confinamiento con la necesidad de extremar la prevención y la seguridad, ya que la mayor movilidad acarrea más riesgos de contacto con el virus y, por tanto, de contagio. Solo así se podrá avanzar hacia la fase 2 el próximo lunes, para en su caso poder mantener reuniones de hasta quince personas y abrir centros comerciales y bares al 40% de aforo, por lo que es necesario seguir apelando a la responsabilidad personal y colectiva. Aunque las imágenes que pudieron verse al comienzo de la fase 1 de concentraciones y grupos de personas sin guardar la debida distancia o de terrazas llenas que no cumplían las pautas establecidas han ido disminuyendo, sigue habiendo una minoría que hace caso omiso y pone en riesgo todo lo conseguido hasta ahora con mucho sufrimiento y esfuerzo de todas y todos. La dura pero necesaria decisión de suspender las fiestas patronales de este verano o la cancelación también de eventos culturales de relevancia van en esa misma dirección y constituyen ejemplos reseñables de prudencia en aras de la salud. Es momento de hacer un uso cabal de la creciente libertad de movimientos, lo que supone conducirse con sentido común y con el compromiso cívico exigible en tan ásperas e inéditas circunstancias.